Mostrando entradas con la etiqueta me gusta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta me gusta. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de octubre de 2018

Primeras lecturas para el bebé: cuentos con ilustraciones de alto contraste

Si hay algo que entusiasme a la bebesita, además de las jeringuillas y los recién descubiertos paquetes de kleenex, son los cuentos.

Aún es pronto para que podamos disfrutar de la colección de álbum ilustrado que empecé cuando ser mamá era más bien un proyecto lejano, pero ya nos hemos hecho con un buen alijo de libros de cartón y tela con los que pasamos largos ratos de entretenimiento. 

Entre los libros a los que más partido hemos sacado en estos primeros meses están tres títulos que se caracterizan por tener ilustraciones de alto contraste, en colores principalmente negro, blanco y rojo y con trazos de contorno bien definidos, de forma que llaman la atención de los bebés desde muy temprana edad.




El primer título que comenzamos a explorar es el famoso Rojo, negro, blanco de la editorial Combel. Se trata de un libro de tela con etiquetas que sobresalen (esto es un punto muy genial) y páginas que crujen y suenan. En cada página se muestra un animal. Yo se lo leo a la muy pequeña desde que era efectivamente muy pequeña, imitando a cada uno de los animales que aparece en el cuento. De manera muy patética, todo sea dicho, que no se sabe si la ardilla es una ardilla o una descarga eléctrica. 

El segundo "cuento" de este estilo que cayó en sus manos es de la marca Tiny Love y en lugar de tener el formato de libro tradicional, es una especie de desplegable semirrígido forrado de tela con dibujos en sus dos caras. Este lo recomiendo para cuando los bebés empiezan a trasladarse, puesto que al extenderlo ocupa bastante espacio y permite al bebé ir moviéndose para acercarse a lo que más le interesa. Para mí, lo mejor es que también incluye un espejo.

La última incorporación ha sido el libro ¡Hola, familia! de la editorial SM. Un libro que a la bebesita le ha encantado desde el primer momento. 




Con un tamaño muy manejable y de cartón duro, el libro va hablando de las acciones que realizan los distintos miembros de la familia: el bebé, los papás y los abuelos. En mi opinión, es un libro con dos puntos muy fuertes:


  • los troqueles y solapas hacen que el bebé no pierda la atención y se entretenga un buen rato descubriendo todas las sorpresas. Desde luego, la bebesita permanece un largo rato tocando cada hueco del libro, ayudándose de ellos para pasar mejor las páginas.
  • en su última página tiene un espejo escondido detrás de una solapa. ¡Un espejo escondido con el que hacer cucú-tras! Un espejo es lo más para la bebesita.





A diferencia de los otros dos, este libro tiene algo de texto, pero muy corto y sencillo, de los que simplemente sirven como guía de partida para inventar, ampliar, imitar o añadir sonidos. También, además de blanco, negro y rojo, las ilustraciones añaden otros colores básicos como amarillo, azul o verde, aunque siguen tratándose de dibujos simples y de trazos marcados que sin duda llaman la atención del bebé.

A pesar de que la recomendación de la editorial es que se trata de un cuento para bebés mayores de 6 meses, supongo que precisamente para que tengan el suficiente desarrollo psicomotriz para manipular las solapas y fijarse en el espejo, creo que es un título al que se le puede sacar partido desde bastante antes, quizá no con la intención de que el bebé pase un tiempo solo jugando pero sí si lo que se pretende es pasar un rato juntos contando una historia mientras el peque mira y disfruta de las imágenes. Nunca es demasiado pronto para empezar a "leer" juntos. 

De hecho, una de las cosas más divertidas en casa es cómo parejo y yo contamos de forma tan diferente los cuentos. Por ejemplo, mientras yo en este voy imitando las distintas acciones de los personajes para hacer reír a la enana, parejo no para de repetirle y señalarle que "se trata de un asunto muy inquietante, porque el papá y la abuela son la misma persona". Fijaos bien en la parte derecha de la imagen anterior. En fin.


Espero que os haya gustado esta pequeña selección. 


¿Vosotros cuándo empezasteis a leer con vuestros bebés? ¿Conocéis algún título que les gustara desde bien pequeños? 

lunes, 6 de marzo de 2017

La Boheme

Yo era carne de adosado, jardín con adelfas y tardes de verano impregnadas en olor a crema solar en la piscina, monovolumen con espacio para tres sillitas, sábados de 3x2 en Carrefour. Boda de blanco impoluto y cabeza coronada de azahar, luna de miel en isla paradisíaca, cuna arrimada a la cama de matrimonio, domingos de sobremesa en casa de la suegra. 

Ni en el mejor de los guiones alternativos me había imaginado yo que mi vida a los treinta iba a transcurrir en un barrio céntrico en la granciudad, ese espacio compuesto por apenas la decena de calles que transito habitualmente, amurallado como si de fosos se tratasen por las arterias que delimitan sus dominios: a un lado, casa; al otro lado, territorio comanche. Alcalá, Paseo del Prado, Atocha, Jacinto Benavente y Carretas. Vuelta a empezar. 




Bullicio y desorden de coches y viandantes que esconden en su interior calles estrechas e inusitadamente vacías en su mayoría, con la honrosa excepción de Huertas, esa sí, que aparece en todas las guías. Por lo demás, auténtica rutina de pueblo en plena urbe salpicada de momentos surrealistas de los que me hacen sonreír por dentro: el peluquero que finge como que recuerda mi nombre y me peina a ritmo de grandes divas del soul; el portero que siempre, siempre, está en la cafetería Cervantes en la terraza tomando algo, nunca me fijo el qué, haga frío o calor o caigan chuzos de punta; el hermano perezoso del churrero, todas las mañanas sin faltar ni una apostado en el lado de los pares fumando tranquilo un cigarrito mientras su hermano suda la gota gorda; el óptico que me sonríe y me pregunta cómo estoy de verdad, esperando respuesta, y que yo sé que me lee en la sombra; la señora de la cristalería Venegas, que me agarra el brazo mientras me habla como si fuera una vieja conocida y me aconseja qué marco ponerle al cuadro del ganso que me regaló el parejo, y yo que no le hago ni caso y voy por libre, y después me cuentan el cachondeo que han tenido en el taller porque "no te vamos a engañar, es que vaya marco más raro has elegido, demasiada enjundia para un ganso a fin de cuentas, aunque al final tenemos que admitir que ha quedado precioso"; el camarero de El Alambique que nada más vernos entrar recita de carrerilla eso de dos somontanos, berenjenas con salmorejo y pollo al curry, a ver si queda sitio al fondo de la barra que sé que os gusta.



Quién me iba a decir que encontraría el sosiego en el barrio, Cortes, de las Letras, de las Musas, La Boheme, la boheme... paisaje urbano que me era tan ajeno y hostil, tan lejos de la calma chicha de las urbanizaciones cerradas con columpios para niños y dos plazas de garaje por vivienda. 





A veces siento nostalgia de lo que pudo ser y no fue y echo de menos el aroma de las adelfas y sobre todo, la cuna arrimada. Se me pasa pronto. Y es que las malas épocas en la granciudad, lo son menos.

Gracias, Madrid, barrio, mi barrio, por todo lo que me has dado. No tengo vidas para devolvértelo. 

jueves, 10 de noviembre de 2016

De repente

Ando un poco preocupada: Monica y Chandler se van a casar. Y ya me huelo lo que viene después.



Que estaréis pensando: "pues vaya descubrimiento". I know. Pero es que yo no he visto nada de las cosas míticas que se supone que uno tiene que estar viendo entre, digamos, los 8 y los 14 años, y no había visto Friends hasta ahora que me he enchufado Netflix en casa. Verídico. Lo único que me sabía de memoria de la serie era la canción del comienzo porque la aprendí en clase de inglés en el instituto.

So no one told you life was gonna be this way...tiquitiquitiquití.

Y ando enganchadita perdida. La quinta y sexta temporada me han hecho reír a carcajadas, aunque ahora Monica con tanta idiotez por la boda y tanto "Chandler, you are so sweeeeeet" se me está empezando a atrangantar. Rancia que es una. 

Por cierto, que Chandler se pone muy pancetas y se desmejora que da gusto con el paso de la serie. En algunos momentos me recuerda a Elvis en sus peores tiempos. Pobrete, algo pocho le pasaría, porque tiene como cara de estar chutado de antidepresivos o peor.

Aparte del tardío descubrimiento televisivo y las tardes de risas, Friends me está haciendo darme cuenta de lo viejuna que estoy, de cómo siento que me han caído 20 años de repente, de cómo se me ha escapado la primera juventud y la inocencia tan bonita que tenía yo a los 26. Cuánto lo echo de menos, es la mejor edad del mundo, la vida debería congelarse a los 26. Es algo que ya me llevo un tiempo rumiando, supongo que simplemente estoy en las últimas fases de salir a la superficie después de una temporada en las profundidades y la vuelta será apoteósica. Tengo como nostalgia permanente, pena por las cosas que no han sido. No sé cómo explicarlo muy bien. Bueno, sí, lo que pasa es que he empezado el post hablando de Friends y ya me he venido abajo para contar mis penas y me apetece más hacerme alguna otra pregunta existencial sobre los personajes. Veamos:

  • ¿Por qué Rachel sale casi siempre empitonada? Esos pezoncillos...¿o era el fashion style de los 90?
  • ¿Qué es de los trillizos de Phoebe? ¿Por qué es tan evidente que Phoebe es mayor que los demás?
  • ¿Por qué a Rachel y a Monica les crece el pelo al principio de la temporada 6? ¿Fue ese el comienzo de la moda de las extensiones? Comparen con la imagen anterior y juzguen por ustedes mismos. ¿Se trata de una estratagema de los directores para taparle los pezoncillos?

  • Hay un momento en el que Ross tiene #pelazo, ¿verdad? No sé, es que lo veo y me suena como música del Partido Popular de fondo: tinín, tinín, tininininini...


Por favor, que a nadie se le ocurra espoilearme el final de la historia. Todo a punta a embarazo a la vista. No hace falta ni confirmar, ¿verdad?


jueves, 3 de marzo de 2016

¡Viva el #patureo!

Ays, mis patitos de goma, ¡son tan majos! ¿Los habéis visto, verdad? Podéis seguir sus andanzas en mi cuenta de Twitter y en las cuentas de otros locos de atar como yo con el hashtag #patureo. 

Sois varios los que me habéis preguntado de qué va esto del #patureo, que yo creí que estaba más claro que el agua, y resulta que no, que para variar, me explico refatal de la vida. 

Todo empezó porque estoy intentado venirme muy arriba y hacer intentos de decoración de mi nuevo hogar después de la obra de El Escorial. Entonces se me ocurrió que unos patitos de goma serían monérrimos para la ducha, así todos junticos, y le envié al curro a mi cuac-si perfecto parejo un pack de 6 patitos de colores, con la intención de ponerlos en la ducha y punto. 

Pero el tema se nos ha ido de las manos, que para eso estamos nosotros como estamos. Nada de patos estáticos arrinconados, qué va, nuestros patos tienen carácter propio. Todas las noches la lían parda. No me dejan pegar ojo de las que montan, cada día es una movida nueva y una sorpresa que nos damos el parejo y yo. Uno de los dos, cuando el otro se ha ido a trabajar, cambia a los patos de posición y se inventa una historia.

Típica conversación mañanera del parejo y yo por WhatsApp:

- Gensanta (cara asustada). ¿Pero tú te has enterado del patiferio que han montado los malditos esta noche?
- ¿Qué me dices? ¿Ya están again?
- Uys, no veas, chato, lo de tonight es de órdago, nunca los había oído así... toda la noche alterados, la de hoy ha sido muy gorda.

Y a la vuelta del curro vemos cómo han evolucionado las aventuras de los patos y nos reímos juntos.

A los patos les ha pasado de todo desde que habitan en nuestra ducha. Ha surgido el amoooool, la parejita ha intentado buscar sus momentos de intimidad, los invitados a la boda han seguido la juerga y han terminado refatal bailando "Patito El Chocolatero", ha aparecido un dicpator que ha tomado el control momentáneamente y después ha sido derrocado por una revolución patuna en toda regla... en fin, digamos que tienen una vida ajetreada.






Y lo último ya es que la ducha opresora se les ha quedado pequeña, y un día descubrimos que... ¡nos faltaba un pato! Se fue el dicpator a London, a la grancity, a explorar. Desde entonces, otros han tomado ejemplo y los muy patos se han dedicado a paturear por otros enclaves estrátegicos, tratando de comenzar una expansión patuna que nos librará de los males de la humanidad.



El colmo es que han encontrado una forma de comunicarse entre ellos, y otros patos de otras casas también han empezado a escaparse de las duchas, bañeras, estanterías y cajas de juguetes y han empezado a tomar la granciudad. ¡¡Es muy fuerte!!




¡Cuánto molaría un nuevo gobierno patuno! Patos en todos lados, historias patunas everywhere. ¿A que sí? 

Pues para eso solo se necesita un patito de goma (o varios, que esto es un vicio) y ganas de sacarlo a pasear y hacer fotos e inventarse historias. Las risas están aseguradas y a mí y a otros crazypeople nos encantaría ver cómo el buen rollo se apodera de la granciudad y de los rincones en los que estéis.

¿Os apuntáis al #patureo? :)







miércoles, 3 de febrero de 2016

Cabeza de Calabaza, una tienda de sombreros molona en Malasaña


No soy para nada fetichista. 



Aunque tengo predilección por algunos objetos. Me encantan mucho los zapatos, no es que sea una loca que coleccione sin ton ni son, porque no me da el mierdasueldo más que nada, pero siempre, siempre, compro zapatos de piel "buenos": los que tienen tacón los guardo en su caja bien empaquetaditos y, ¡ele!, al armario a la zona de nunca poner (y menos ahora que necesito calzado cómodo para patearme Madrid) y los de sin tacón, los planos, planísimos, a machacarlos hasta que ya no haya por dónde pillarlos o la fascitis plantar los destierre de mi vida. 

Lo mismo más o menos me sucede con los bolsos. Grandes y de piel, no admito variantes. Excepto un bolso chiquitín que acabo de rescatar y era de mi madre, calculo que comprado en el año 1996 (repite conmigo, vintage, vintaaaaage), que siempre me había parecido viejuno y ahora me encanta con sus hebillas doradas. Definitivamente, me estoy haciendo mayor. 

Y los relojes de hombre. Me quedo embobada mirando los escaparates de las joyerías y me pirran los de esfera grande, plana, blanca, con correa de piel. Vamos, el reloj de caballero de toda la vida de Dios, el de abuelo. 

También me flipan las gafas. Las de sol, las de ver y las pixeladas. 

Vamos ya, a quién pretendo engañar, que soy una fetichista de manual.

Y dentro de mi fetiche, hay dos prendas que me trastornan. Las capas y los sombreros, todo muy barroco. 

Capa no tengo ni he tenido. Creo que no cuenta como capa el poncho de rayas que olía a llama de mi adolescencia. Otro día os hablaré de él en más detalle. Ahora bien, el sombrero, ¡ay, mi sombrero! Pero cómo me gusta que hayan vuelto a ponerse de moda y se vean por la calle de todas las formas y tamaños.

Ya iba yo fijándome en el hipsterio de la granciudad, que las chicas monas llevan su sombrerito, y se me antojaba uno. Y apareció el parejo por mi 31 cumpleaños y entre los pre-regalos que se marcó, me cayó un vale de regalo por un sombrero de la tienda más molona, Cabeza de Calabaza.



Cabeza de Calabaza está en la Calle Palma, en pleno barrio de Malasaña. La dueña del negocio se llama Irene, y es mas maja que las pesetas, siempre se está riendo. Y a lo que se dedica Irene es a hacer sombreros y tocados a medida de sus clientes. No os vayáis a pensar que son sombreros normaluchos, grises y anodinos, qué va, son de los que te para la vecina cuando te ve para decirte qué guapa vas (basado en hechos reales). La personalización es absoluta: puedes escoger el tipo de sombrero, la tela, el color, la decoración...e Irene se encarga de tomarte las medidas y de confeccionar el sombrero a mano. 



 

Siempre había pensado que mi primer sombrero sería uno estilo años 20, supongo que influenciada por la imagen de Angelina Jolie en El Intercambio. Sin embargo, me decanté por un modelo bien diferente, un sombrero floppy mucho más sesentero, así de ala ancha y ondulado. 


El mío es en color topo y con una trenza como adorno, y me tiene enamorada perdida. A mí y a todo el que me ve con él, no os imagináis cuántas personas me han preguntado qué dónde lo que comprado, porque es precioso. 

Así que, mi recomendación: un día de estos de malasañear, aprovechad para visitar el taller de Irene y probaros alguno de los sombreros que tiene. 

Si os resistís y salís de la tienda con las manos vacías, me lo contáis. Que no me lo creo. 

martes, 12 de enero de 2016

De mayor me pido vivir aquí

Acabamos de terminar la reforma de El Escorial

Miento, no la hemos terminado. A ver, a ver, que mire un momentín a mi alrededor...Ajá, a mi izquierda un par de puertas apoyadas en la pared, varias cajas de mudanza, dos muebles apilados (ambos a la venta en Wallapop, chatos, oferta irrepetible), y de frente una pared con azulejos que me hacen la ola y salpicada de defectos de pintura.

Y eso que llevamos 7 meses y medio en el piso. ¿Qué nos está pasando? Señor, ¡ten a bien acogernos en Tu seno!

Pero como estoy refatal, y la vena masoca sale cuando quiere, que yo no la vengo controlando, ya estoy pensando en mi próxima aventura inmobiliaria. La de la otra vida, cuando acabe con la hipoteca a 30 29 años de mi humilde morada actual y el Señor tenga efectivamente a bien acogerme en Su seno. 

Entonces, desde las alturas, me reencarnaré para regresar al mundo de los mortales y con la experiencia acumulada en esta mi primera existencia, y la certeza de que las deudas prescriben en el lecho de muerte (¿verdad, verdad?), iré a estos cuatro pisitos de Madrid y haré a los propietarios de los mismos una oferta indecente, que no podrán rechazar. 

Es un plan infalible. 

Eso, o la suerte me compensa en vida en forma de multimillones. Todo puede ser, chatos, yo nunca pierdo la esperanza. Soy más bien de percutir.

Total, que en mi vida hipster futura, no me movería yo del distrito centro de la granciudad ni de coña, palabrita del ñiñojesús. Aunque sí pediría un hogar algo más amplio (sin exagerar tampoco, no sé, entre 180 y 250 metros está fetén, que luego hay que pasar el mocho y es un rollo), más luminoso (estoy pensando en una terracita de ná, 50 metritos o así, que me quepa el macetohuerto que tenía en el chiquipueblo y una mesa y sillas para seis; orientación oeste para disfrutar el atardecer gintonics en mano ya se considera un plus, si es que yo de siempre he sido muy conformista) y en una finca de esas que tienen puertas para que entren carruajes, en un enclave especial. 

Para que os hagáis una idea de lo que hablo, les tengo echado el ojo a estos cuatro pisos en concreto (las fotos están tomadas en diferentes momentos de mi paseos por Madrid, no pongáis atención a la calidad artística, por favor):


1. El último piso de este edificio que sobresale en una de las aristas de la Plaza de Santa Ana. El de arribota del todo, el de los balcones ovalados que suele tener las luces encendidas por la noche. Sí, os vigilo. ¿Quién tiene tantísima suerte de vivir ahí? 
(La foto está tomada desde la cafetería de la planta baja del hotel Meliá y los puntitos que se ven son gotas de lluvia en el cristal).



2. Volvería a disfrazarme de princesa si fuera necesario con tal de ocupar lo más alto de la más alta torre de esta finca con vistas al Retiro en la calle Alfonso XII. ¿Que los muebles no encajan bien en las estancias redondas? A mí, plin, le pido un crédito basura a Cofidis y me pillo unas cuantas estatuas art déco para rellenar la sala y tan pichi, oiga. Me siento en un diván, me pongo una ópera mientras leo poesía con el gato acostado en mi panza, y a contemplar mis estatuas y ver a los runners echar los higadillos. Planazo. 


3. Esta fachada, en la calle Barco número 21, me vuelve loca. Si estoy paseando por el barrio, cambio la ruta con tal de pasar por delante. En más de una ocasión he estado tentada de llamar al telefonillo y pedirle por favor, por favooooor a quien habite tan bello lugar que me deje cotillearle la choza. Esos balcones acristalados, ay, qué bien me vendrían para mis orquídeas. 


4. Y, por último, un dúplex. Nada ostentoso, ¿eh?, no se vayan a creer. Algo con gusto, así, ático más mirador en la Plaza de Ramales, con vistas al Palacio Real para soñar despierta. Cuántas veces en mi vida habré pasado por delante y nunca me había fijado en este edificio. Lerder que es una. Ahora no me lo quito de la cabeza. Qué maravilla. Por el dichoso mirador no esperaría yo a la vida reencarnada, qué va, si pudiera hipotecaba esta, la reencarnación primera y las venideras, hasta que el karma haga que me convierta en chinche y me dejen de conceder créditos. Y cuando sea chinche, me colaría por una rendija de la ventana. Hasta la eternidad.

-----------------------------------

Desde aquí, hago un llamamiento: si alguno de los habitantes de estos pisitos está así como harto de las desventajas (yo qué sé, lo típico, que no puede tender las bragas a gusto porque sus vecinos son muy de postín y le escudriñan a ver si el encaje es bueno o del H&M y con ese estrés empieza a tener problemas para dormir), que contacte conmigo y planteamos una multipropiedad de esas que están tan de moda. 

¿Vosotros también os fijáis en las casas en las que os gustaría vivir? ¿O va siendo hora de que me revise la medicación?

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Fun, fun, fun, Madrid de mis amores

Ya está. Ayer no me tocó la lotería y hoy he recibido la postal navideña que me manda mi querida amiga desde el extrarradio todos los años. Antes el crisma viajaba del extrarradio al chiquipueblo. Este es el primero que va del extrarradio al centro de la granciudad. 

También hoy he tenido que escuchar el primer "uys, uys, se te va a pasar el arroz". Si es típico oírlo en las múltiples reuniones familiares, de amigos, de compis del curro... que acontecen en estas fechas, imagínense ustedes si además tienen la suerte de celebrar el cumpleaños entre sobremesa y sobremesa de las de bandeja de polvorones. No me libro ni de coña.

En fin, que podemos dar por inauguradas estas adorables Fiestas. Fun, fun, fun.


Y a pesar de que este año puede calificarse como un fucking 2015, que mi humor oscila entre bailar como la flamenca del Whatsapp y la mierda con ojos, chatos, llamadme crazy, ¡me apetece celebrar la Navidad! 

Para variar, no sé qué puñetas me está ocurriendo. Bueno, sí. Bueno, no estoy segura. Tengo sospechas. Creo que se trata de la granciudad que una vez más ejerce su influjo y me ha convertido. Lo que no consiga el Madrid de mis amores...

En el chiquipueblo sabes que es Navidad cuando llega el turrón a Mercadona. Primer aviso. Luego el ayuntamiento pone un par de lucecicas en la calle principal y los vecinos sacan el arsenal de guirnaldas de los chinos y retales de niñosjesuses en las ventanas. En Nochevieja tiran petardos y me asustan a los gatos. Game over. 

Sin embargo, en Madrid, ¡ay, en Madrid! En Madrid la Navidad empieza con el olor a castaña asada y garrapiñadas en cada esquina. El pistoletazo de salida lo dan las colas crecientes en Doña Manolita (gensanta, la que se llega a montar). Los escaparates. Y después las luces. ¡Las luces, y eso que aún estamos en crisis, qué locuras no se harían los años de bonanza! Serrano, el árbol de Sol, el de Colón, Fuencarral, Huertas, Preciados... Las pistas de hielo. Y por fin, los puestos de la Plaza Mayor, las pelucas y los cuernos de reno, la imposibilidad de pillar mesa en restaurante alguno, las esperas y los paquetes enormes en Correos, las aglomeraciones everywhere, ¡Cortilandiaaaaaa, Cortilandiaaaaaaaaaaaaa! La locura. 

Y, en medio de la vorágine, un parejo y una hipster que se dan la mano por enésima ocasión y salen a comprar espumillón y bolas de Navidad con purpurina para engalanar hasta el maldito último rincón del nuevo hogar. No habrá muchos muebles en casa, pero purpurina tenemos hasta en las pestañas.




Que no, que este fucking 2015 no va a acabar con nosotros. Yo estoy requetedispuesta a recuperar todos los kilos que he perdido en la segunda mitad del año a base de alimentarme de turrón del duro y a pasármelo genial en todas las fiestas de guardar, incluido mi cumpleaños. Que caen 31 castañas (joder, qué mal las llevo, soy lo peor, tengo derecho) y el parejo se lo está currando mil, llevo ya tres pre-regalos y aún quedan otros 3 días para el gran acontecimiento. Mis expectativas están por las nubes. In the clouds.

Me huelo que este año supera las gafas de famosa

Así que, nenitos, desde este rincón de mi vida, aprovecho para desearos a todos unas Fiestas molongas a vuestro estilo, sea el que sea: en familia, con amigos, torrándose en las islas Fidji, esquiando (si es que hay nieve en algún lugar del universo esta temporada) o en la granciudad. Tanto si tenéis asuntos que celebrar como si vuestro año también ha sido fucking

¡A bailar boogie, que esto son dos días!








martes, 8 de diciembre de 2015

5 cuentos para adultos y niños que no vas a cansarte de leer

Hace ya algunos meses, cuando todavía era un ser inocente e ingenuo, os abrí un ventanuco a mi corazón y os conté algunas cosas sobre mí. Todas ellas rigurosamente ciertas.

Muchos fans me preguntasteis en aquel momento por mi colección de cuentos. Los fans sois así. Os hablo de mis intenciones de dominar el mundo, y me salís con la colección de cuentos. Luego pasa lo que pasa, chatos. No digáis que no lo avisé.

Aprovechando que se acercan fechas señaladas (siempre me ha hecho gracia esta expresión tan viejuna), y que a lo mejor queréis hacer un regalo bonito para otros, niños o adultos, o pedirle un libro chulo a los Reyes Majos, voy a hacer un repaso a 5 cuentos que me inspiran de mi colección, a la que por cierto no añado un nuevo ejemplar desde mayo y que todavía a día de hoy sigue guardada en una caja, esperando a que el salón esté decente para darle un lugar preferente.

Las mudanzas son un asco.

Vamos con ello:

1. Bandada (editorial Kalandraka)


En mi opinión, no se ha escrito fábula más estremecedora sobre la humanidad y sus pecados colectivos. Pocas palabras, bien escogidas, acompañadas de ilustraciones detallistas en blanco y negro. No esperéis el típico libro infantil en esta joya de la editorial Kalandraka

Por cierto, no es la única pieza excepcional de esta editorial gallega, que tiene una librería propia en la calle Santa María, cerca del metro Antón Martín. Este espacio para soñar, en el que exponen las ilustraciones originales de los autores de muchas de las obras que editan y donde organizan cuentacuentos para niños y adultos, bien merece una visita. Dejaos aconsejar por Belén y el resto de chicas que trabajan allí. 

2. Este no es mi bombín (editorial Milrazones)


Un clásico de Jon Klassen, con sonrisa pilla asegurada incluso para los adultos más serios. Y qué decir de las reacciones infantiles ante este juego de palabras e imágenes complementarias, donde las ilustraciones escriben la parte de la historia que las letras dejan a merced del lector. 

Si buscas un cuento con el que pasar un buen rato, con el que recuperar esa sensación de "qué ocurrirá a la vuelta de la página", y terminar pensando un: "¡otra vez!" y casi aguantarte un saltito de alegría, este es tu libro. 

Si así lo viven los mayores, imaginad a cualquier niño a partir de los 2-3 años. Delicioso.

3. Habría que (editorial Kokinos)


Aviso a navegantes: si eres de lágrima fácil, asegúrate de tener un buen cargamento de kleenex antes de abrir este libro de otra de mis editoriales fetiche del álbum ilustrado, Kokinos. A poco que avances en su lectura se te irá haciendo un nudo en la garganta, es inevitable, ni te molestes en reprimirlo. Espera al final y ya fliparás.

Una historia para todos los que nos despertamos cada día soñando un mundo mejor. Ahí es nada.

Aún recuerdo la primera vez que cayó en mis manos, rompí a llorar en medio de la tienda. Ele, esa soy yo. 

Es un título al que tengo especial cariño y que he regalado en más de una ocasión: fue el que inauguró mi colección, el primero de la estantería, el que venció mi vergüenza a comprar para mí libros en principio destinados al público infantil, gracias a que el parejo me lo regaló en las Navidades de 2013. Y desde entonces, compro un cuento por mes. Bueno, desde mayo de este año ya no.

4. Tú no me asustas (editorial Thule)


Ilustraciones y texto en forma de poema conforman esta historia atípica y en cierto modo oscura, que se atreve a profundizar en nuestros miedos y darles el papel necesario y merecido de contrapunto a nuestras alegrías, transformando lo negativo en positivo. Un libro que habla de la necesidad de sentir lo que asusta para valorar lo que nos reconforta.

Un cuento para adultos y niños miedosillos, es decir, para todos. 

El favorito del parejo en mi colección. 

5. Corazón de madre (editorial Libros del Zorro Rojo)


"Cuando un hijo se ríe a carcajadas, el corazón de una madre se pone a bailar..."

Un cuento sin pretensiones y precisamente por ello enorme: palabras sencillas directas a la patata combinadas con ilustraciones coloridas de trazos definidos, esos dibujos casi reducidos al símbolo que cualquiera podría reproducir y que tanto mérito tiene crear. 

Un cuento que ilusiona y duele a partes iguales.

Inocencia en estado puro, editada por Libros del Zorro Rojo, otra de las editoriales de las que compraría todo su catálogo infantil con los ojos cerrados. 

---------------------------

Y bien, esta es mi selección. Hay muchísimas obras de arte que me dejo en el tintero... ¿Algún título que echéis de menos? ¿Recomendaciones para mis próximas compras, cuando por fin me decida a retomar la colección? ¿Os he ayudado con la carta a los Reyes?

Espero vuestras opiniones, chatos.



domingo, 23 de agosto de 2015

11 cosas que no sabes sobre mí, ni te importan, pero yo te las cuento igual

¡Señores, qué emoción, qué alegría, qué fiestuqui! La semana pasada nominaron el blog a unos premios que solo se conceden a los blogueros interesantes porque sus fans están deseosos de conocerles mejor. ¡Tengo fans! Y lo que es aún más inexplicable, ¡quieren conocerme mejor!

¿A que es flipante? Voy camino del estrellato y de cumplir mi sueño de juventud de dominar el mundo. 

Me siento así.



Ahora, que el premio en cuestión mola mucho más que un Óscar, que al final no es otra cosa que una estatuilla dorada-casposa de un tío que ni está bueno ni nada, que si por lo menos te dieran una réplica del David de Miguel Ángel, pues vale, tienes un pene que mirar. En el Óscar ni eso. 

Desgraciadamente mi premio tampoco tiene pene que mirar: es una niña bastante repipi que sostiene en sus brazos un ramo de flores más grande que ella, desafiando las leyes de la física. Pero como desafiar las leyes de la física mola mogollón también, le perdono la ñoñez.

Es esta pava y se llama Best Blog (nombre por otra parte muy explicativo).



Os estaréis preguntando quién ha sido el perturbado que ha decidido darme a mí premio ninguno. Perturbada, chatungos, perturbada. Su blog se llama Mi gran proyecto:ser madre y este es su twitter, por si queréis preguntarle directamente cómo se le ha podido ir tanto la pinza. Imagino que a ella lo que le ha llamado la atención de mi blog es que a veces escribo sobre mis deseos clonadores y por eso se pasa por aquí de vez en cuando y me sigue en el twitter. Vamos, que se podría decir que somos amiguitas virtuales. 

Bueno, no me queda muy claro si realmente somos amiguitas o archienemigas, porque la tía primero me da el premio y luego me manda artículos serios de creadores de opinión con frases lapidarias del tipo "hipster is generic" o "the hipster has to be dead". Me tiene un poco descolocada y le voy a guardar rencor eternamente no sé por dónde respira la jodía.

¿Y en qué consiste el premio, además del dibujito de la noña? ¿Me van a dar dinero, mucho dinero? Nooooooo. ¿Vamos a ir todos los nominados a una fiesta con gintonics gratis? Noooooo. ¿Mañana voy a tener a las grupies esperando en la puerta de casa para firmar autógrafos y hacerme selfies antes de ir al curro? Nooooooo lo sé. Creo que noooooo. En lo que consiste el asunto es en que tengo que seguir al blog que me nominó (hecho), agradecerle la nominación en su blog (hecho), visitar otros blogs nominados junto al mío (hecho), contestar 11 preguntas (de eso va esa entrada), y nominar a otros 11 blogs (esto no lo voy a poder hacer, porque no sigo tantos blogs, no me da la vida, y los que sigo, o ya tienen el premio o son tan famosos y están tan en las alturas que con este premio se limpian el culo me da vergüenza nominarles).

Joder, ahora que lo pienso, más que un premio, esto es una obligación. 

En definitiva, como soy un poco díscola y llevo fatal las normas, y que sé que a mi amiguita-archienemiga-estamosdefiniendonuestrarelación Proyecto:ser madre no le va a sentar mal que adapte un poquejo la nominación, si os parece bien, os voy a contar 11 secretitos sobre mí, algunos basados en las preguntas que tenía que responder y otros porque me sale de ahí mismo.

Si os interesa una mierda, lo entiendo.

Ahí van: 

1. ¿Qué me llevaría a una isla desierta? Sin duda, unas bragas.
2. Lo que mejor sé hacer es... no sé si es lo que mejor sé hacer, pero las orquídeas me florecen todos los años. Lo tengo puesto en el CV como habilidad especial.
3. En casa no tengo tele, desde hace al menos 6 años. Me explico: tengo tele, pero no antena de tele, es decir, no puedes encenderla y ponerte telecinco. La tele solo sirve para ver pelis o series, conectándola al ordenador.
4. Y si no veo tele, ¿qué hago en mi tiempo libre? Tengo gustos muy variados: me encantan todas las artes (especialmente el teatro), soy aficionada a la fotografía y estudio una segunda carrera (vocación tardía).
5. Colecciono cuentos infantiles. 
6. No tengo propósito para el blog, lo empecé porque era esto o ir a psicólogo por estrés, y preferí ahorrarme unas pelillas.
7. Mi mayor deseo es dominar el mundo. Esto ya lo he dicho, no es ningún secreto.
8. ¿Coca Cola o Pepsi? Coca Cola, normal, la roja de siempre. El resto no me gustan, la Pepsi tampoco (sí, he participado en un experimento y puedo distinguirlas perfectamente, lo juro).
9. No es mi comida favorita, pero puedo comer muuuuucha pizza. Del resto de comidas, me canso enseguida, de la pizza no. Algún día os hablaré de La Pizzateca.
10. Tengo vértigo. Ni siquiera puedo tender la ropa en las típicas cuerdas de los patios interiores si la altura es más de un primero.
11. Trabajo en un sector muuuuuuy masculino. Es habitual que en reuniones o eventos de curro sea la única tía entre 10-15 o incluso 30 hombres.

Hala, ya sabéis algo más sobre la menda. ¿Qué os ha sorprendido?








martes, 21 de julio de 2015

Un domingo cualquiera

Me he pasado con la modernez. 

Es la calor, que no me deja pensar con claridad, y así nos va, que te despiertas un domingo a una hora prudencial, de esto que el parejo se pone perezoso para ir a por el pan para las tostadas mientras la menda se da una vuelta más en la cama y cierra el ojo con la esperanza de dormir diez minutejos extra, y al final resuelves que sin pan no hay desayuno, y que total, ya que nos ponemos, si hay que salir, pues en vez de ir a por pan nos acercamos a la Casa de la Torrija que es un paseo de nada y ele, nos homenajeamos con una torrija en pleno mes de julio y que nos quiten lo bailao, majos. Es lo que tiene vivir en la gran ciudad, que hay torrijas en julio.

Estamos fatal de lo nuestro. Y la Casa de la Torrija cierra los domingos, que parecemos nuevos.

Que no cunda el pánico, habrá un plan B en pleno centro. Con un poco de suerte, encontramos sitio en la novena del Cortinglés de Callao y disfrutamos de las vistas. Pues sí, sitio habría, pero a partir de las 11:00 h que es cuando abren los domingos. Y nos rugen los estómagos y falta media hora. 

Venga, crucemos la Gran Vía y buscamos otro sitio por Malasaña. ¿Dónde, dónde podemos desayunar, coñe, que en el chiquipueblo había dos bares pero aquí no nos aclaramos?

Y aunque no es el mejor momento, aunque nos hemos lanzado a las calles sin ducharnos siquiera, aunque tenemos las legañas pegadas al ojo y pintillas zarrapastrosas y pocos ánimos pal amooooooor, se nos ocurre que hemos leído por ahí que la cafetería del Museo del Romanticismo (C/ San Mateo) está muy requetebien y para allá que vamos.

Y el Museo del Romanticismo nos recibe con esta estampa.



Y, efectivamente, está muy requetebien. Una tarta de frutos rojos que quita el sentido, un jardín con hortensias en flor, unos camareros simpáticos, un oasis en pleno centro. Diez euros exactos la cuenta para dos.

Me cambia la cara, se me quitan las penas. Esto es empezar bien el día. Ni legañas, ni pintillas, el parejo y yo estamos güenísimos, hombre ya. 

Nos venimos arriba. La gran ciudad es lo mejor que nos ha pasado. ¡Qué vivan los domingos y las fiestas de guardar! A la tarde nos tocará currar como borricos en las obras de El Escorial de nuestro piso que no se acaban nunca, pero por la noche podemos irnos al Cine Doré, que echan una de miedo de los 80.



¿De miedo? Una de la Toston Pictures que nos tragamos, como diría el parejo. De esas sin banda sonora ni na, nosotros que llevábamos las patatuelas en la mochila para ronchar un poco durante la sesión. Nos habrían chistado fijo.

Lo dicho, nos hemos pasado con la modernez.

Pero no quiero el chiquipueblo de vuelta ni regalao

lunes, 1 de junio de 2015

10 cosas hipster que pienso hacer cuando me quede preñada

Si en otra entrada os contaba las 10 cosas hipster que puedo seguir haciendo porque no me preño, tratando de ver el lado positivo de una situación que se alarga más de lo previsto, esta vez toca soñar despierta e imaginar que en algún momento llegará mi turno y podré hacer realidad las 10 cosas hipster que, ahora que aún no tengo ni pajolera idea de lo que es un embarazo, pienso poner en práctica en cuanto sepa la noticia:

1. Seguir practicando el escapismo. Llamadme trastornada, pero al final le he pillado el gusto a actuar, y quién sabe, quizá el día de mañana pueda desarrollar una profesión paralela e incrementar los ingresos de mi hogar. El tema es que jugar al despiste no está tan mal, da mucho margen de maniobra, y me veo con ánimos de ir capeando las preguntas indiscretas hasta que el tripón sea evidente. Mola ser el blanco del cotilleo y que te resbale, ¿no?, es todo un ejercicio de desarrollo de capacidades. 

2. Encontrar una forma chula de decirle al parejo que es prepadre. Que me veo saliendo del baño con las bragas bajadas, andando como un pingüino por el pasillo, predictor en mano, gritando: "churriiiiiiiiiiii, tengo algo que contarteeeeeee", y qué queréis que os diga, es la viva imagen del antiglamour. Por eso, mejor tenerlo todo previsto, que luego salirse de un plan estratégicamente elaborado da perezón. Aquí todavía tengo que afinar la inventiva: se me ocurre anunciárselo en un eventazo, como en un concierto indie de un grupo que tenga alguna canción que hable de la paternidad, y cantarle la letra a la oreja poniéndole ojitos. Pero vamos, que se admiten sugerencias, porque como me flipe pensando que mi preñamiento puede coincidir con un concierto guapo de un grupo indie que tenga una letra que hable sobre paternidad, la ostia puede ser monumental, que yo soy muy de fliparme.

3. Leerme del tirón un libro de los de pensar que tengo aparcado en la estantería, y que además está en inglés y se llama: "The Evolution of Childhood: relationships, emotion, mind". Tiene una pinta espectacular, pero siempre encuentro una excusa para no sumergirme en su lectura. Con un preñamiento inminente, no va a haber quien me pare. 

4. Ir a yoga, mi único concepto de deporte. Aprender de mantras, chakras y lo que se tercie. Volverme mística, hablar del ciclo de la vida, respirar correctamente para aguantarme las borderías cuando el escapismo caiga por su propio peso. He dicho.




5. Vestir ropa ajustada y sobre todo, camisetas de rayas horizontales bien prietas. Marcando como no marcaba ni a los 15, tope chenchi. El preñamiento es un estado ideal para lucir barriguita, esa que intento disimular con mis outfit del día a día. Pues nada, que se jiñe la perra: yo, a lo famosa, el embarazo por delante. 

6. Hacerme un álbum de fotos de ensueño: nunca he contratado a un fotógrafo profesional, que las fotos de la Comunión no cuentan como contratar con pleno uso de las facultades de uno. Ni en nuestra boda siquiera. Me asusta un poco morirme sin dejar una foto decente a mis descendientes, así que habrá que solucionarlo, aunque con mi exigencia para la fotografía no me vale cualquiera. Que uno de mis entretenimientos de siempre ha sido sido reírme de las fotos de bodas en los escaparates (joder, qué mala soy), esas poses de: "uys, escóndete detrás de árbol y haz como que estás jugando al escondite con 35 tacos y que me acabas de encontrar y te alegras". ¿Soy la única a la que le dan vergüenza ajena? Así que me tocará rascarme el bolsillo y buscar algo especial,rollo Lucía M, que se salga del "que el parejo te haga un corazón en el ombligo con las manos, tope original, ¿eh?".

7. Apuntarme a un grupo de crianza/lactancia de la gran ciudad. ¡En la gran ciudad existen estas cosas, es tan acojonante! Debatir y socializar con otras madres futuras, principalmente para quitarme la espinita de haberme interesado tanto por la maternidad y el desarrollo infantil sin ser madre hipster aún. Que hay peña a la que le doy mucho miedo.

8. Establecer una rutina de cuidado facial y corporal. Sí, señores, soy una hipster de palo que apenas me pongo potingues y me da mucho reparo gastarme los euros en eso. Pues no, en cuantito me preñe, me voy a fundir la visa en la tienda de Olivia The Shop y que me quiten lo bailao. 

9. Reírme a carcajadas con el parejo. Descojonarme viva, por los malos ratos que le hecho pasar en la búsqueda, por las dudas que me han asaltado y me han robado el sueño a ratos. Lo que más quiero en este mundo es partirme de esta época.

10. DISFRUTAR del día a día de nuestro proyecto vital. Acariciarme el barrigón con cara de satisfacción máxima y contarle al peque la cantidad de cosas hipster que vamos a hacer juntos cuando esté aquí.