jueves, 1 de marzo de 2018

Tercer trimestre: preeclampsia y game over


He vuelto. Y estas palabras tienen más sentido que nunca, porque si me sigues en alguna de mis redes sociales, sabrás que de esta podía haberla espichado. Y no. Estoy aquí, detrás del ordenador, casi dos meses después de haber publicado mi último post, ese de criar sin tribu en el que daba consejos que no me dio tiempo a aplicar y del que ahora podría hablar con conocimiento de causa.

Tengo muchas cosas que contar, una novela por escribir, mil proyectos por iniciar durante mi baja de maternidad y una criatura que reclama mucha teta desde que se aproxima su fecha de nacimiento, así que haremos lo que podamos... o más bien lo que nos permitan.

¿Qué tal si empezamos por donde lo habíamos dejado? Te recuerdo, en mi embarazo
asintómatico y antiglamur. En el comienzo del tercer trimestre, que como no podía ser de otro modo y continuando con la línea argumental de mi preñamiento, empezó sin molestia alguna, con un pollito on fire por las noches y con único síntoma especial: picor extremo por todo el cuerpo.





Era Navidad. Había ido al endocrino por eso de mi curva larga de la glucosa alterada, y me había prescrito una de esas dietas imposibles de seguir en las que tenía que pesar hasta los tomates sin piel y tomar galletas María y yogures por doquier. Un despropósito, máxime considerando que todas las mediciones del aparatito que tuvieron a bien dejarme en mi centro de salud daban perfectas. Aún así, prescindí de los turrones y de todo lo bueno que se puede comer en esas fechas tan especiales y que no está especialmente recomendado en el embarazo. Y pasó diciembre, sin pena ni gloria, con un año más en mi haber particular y muchas ganas de que llegara el 2018.

Diría que el asunto se empezó a torcer en Nochevieja. Sutilmente. Vamos, que si lo googleabas, todo era normal para el tercer trimestre: cansancio, dificultad para dormir, ahogamiento al subir cuestas, ganancia más rápida de peso, retención de líquidos. Lo único que en mí había aparecido junto y de repente, pero nada grave. Me hacía estar más quejicosa de lo normal.


Viernes, 5 de enero


Mi gine había querido verme a la vuelta de las Fiestas, aunque solo hacía 3 semanas que habíamos tenido una revisión seria con eco detallada incluída, por eso de seguir de cerca la diabetes gestacional y comprobar que no se me hubiera ido la mano con los excesos navideños. El día 5 de enero por la mañana (muy por la mañana, que siempre cogíamos cita a las 7:30 h para interferir lo menos posible con nuestros trabajos) entraba en consulta con los pies y las piernas como morcillas y ganas de soltarle mi rollo a la gine:

- Hola, me voy a desahogar contigo, que no me aguanto ni yo - y le conté lo que me pasaba.

Me sonrió, me dijo unas palabras amables y me tomó la tensión como de costumbre. Ahí le cambió la cara.

- Vamos a hacer una eco.

Cuando ya me había subido al potro: "madre mía, cómo tienes las piernas" y "uy, esto tiene mala pinta: el bebé tiene el diámetro abdominal pequeño. Necesito que te hagas urgente un análisis de sangre, déjalo hecho hoy, y recoje 24h de orina que quiero que me traigas el lunes y las dejes en el laboratorio. Vamos a pedir también una eco doppler, ya llamo yo mejor a la clínica que me darán cita urgente. Cuanto antes, mejor. Vamos a volver a medir la tensión, no vaya a ser que fuera algo puntual".

Parejo y yo nos mirábamos y la mirábamos a ella sin entender muy bien. Ni siquiera acertamos a preguntar cuánto de pequeño era exactamente el diámetro abdominal ni cuánto de disparada estaba la tensión.

- ¿Tenemos que preocuparnos? ¿Pasa algo grave?

- Tienes la tensión alta y el bebé no está creciendo como debiera. Tenemos que descartar preeclampsia.

- ¿Pre... qué?

- Preeclampsia. No quiero adelantaros información, ni que os preocupéis innecesariamente. Vemos el lunes con los análisis de sangre y de orina y la eco doppler. De todos modos, te vas a tomar esto para la tensión (recetita al canto) y quiero que desde hoy te la midas todos los días, si la baja te sube de 95 vente a urgencias. Pésate también todos los días a primera hora de la mañana, desnuda, después de hacer pis y lo apuntas. No hagas grandes esfuerzos, tómate el fin de semana tranquilo. El lunes ya vemos. Pero vamos, en caso de que sea preeclampsia, iros haciendo a la idea de que lo más probable es que haya que inducir y no lleguemos a la semana 37.

Salimos de la consulta. Preocupadillos. Fuimos directamente a hacer los análisis de sangre, donde tuve un momento muy fuerte al encontrarme con
Mamá Jones en la sala de espera (heavy que no veas). Y parejo se fue al curro y yo me quedé en casa, haciendo lo que nunca se debe hacer en estos casos, que es buscar locamente en google, y llamando por teléfono acojonada y llorando a una buena amiga, porque no quería que cuando parejo volviera del trabajo me encontrase en semejante estado catatónico y yo necesitaba soltar por donde fuera, después de haber leído una y mil veces los siguientes enlaces sobre preeclampsia (selecciono los que me aportaron información más relevante):


Parejo me escribió a media mañana: "todo va a ir bien, no te preocupes. Haremos frente a lo que venga". Y ese fue nuestro mantra durante todo el fin de semana, el fin de semana de Reyes. Todo va a ir bien. Acabamos de cumplir la semana 32. Entre que tenemos los resultados y se ve qué ocurre, nos plantamos en la 33. Muy mal se nos tiene que dar para no llegar a la 36. Vamos a mantener la calma.

Pasamos el fin de semana jugando al Carcassonne, lavando y clasificando la ropita de bebé que habíamos comprado, y haciendo pedidos de pañales y otras cosillas de farmacia que no teníamos. En realidad, no teníamos de nada, y a pesar de que parecía que había opciones de que el tema se adelantara, contábamos con disponer de unas semanas más y poder organizarnos.

Lunes, 8 de enero por la mañana

Mi tensión no bajaba con la medicación. Me pesé todas las mañanas como me dijo la gine y la báscula sumó 800 g en tres días. Casi no podía andar de la hinchazón en los pies, me pesaban los párpados. Recogí orina durante 24h, nos encontramos con los vecinos a primera hora de la mañana del lunes cuando salíamos al médico y parejo decidió cogerse el día libre a pesar de que le insistí mil veces que no era necesario, que total, solamente iba a dejar la orina en el laboratorio y a enseñar mis apuntes de tensión y peso.


Mi gine estaba atendiendo un parto, era una mañana ajetreada. Nos coló rápido.


- Déjame ver esas tensiones y pesos - miró mi cuaderno cuqui, torció el semblante- Esto tiene muy mala pinta. ¿Para cuándo te han dicho que están los resultados de orina y sangre?

- El miércoles- contesté- Orina el miércoles y sangre el jueves, por lo visto faltan algunos valores que tardan algo más.


- No podemos esperar tanto. La doppler era esta tarde, ¿verdad? Voy a dar un toque al laboratorio para que se den prisa. Iros a casa que os llamo en cuanto sepa para cuándo están los resultados. Ya os digo que seguramente tenemos que ir pensando en terminar esto.


A parejo, que es de naturaleza optimista, no le gustó nada la última frase. Yo no le di tanta importancia: "tenemos que ir pensando en terminar esto, sí, pero bueno, no ahora".

A las 9h estábamos otra vez en casa, sentados en el sofá abrazados, hablando de nuestros temores. Poco más tarde de las 10h sonó el teléfono: era mi gine. Terminé la conversación llorando.


- De acuerdo, ahora mismo vamos para allá otra vez. Muchas gracias - colgué.


Parejo me miraba.


- ¿Qué te ha dicho?- preguntó. Yo siempre oigo en sus conversaciones al interlocutor que está al otro lado de la línea, él no había escuchado nada.


Le miré, le cogí la mano, no sé, no me acuerdo.


- Está todo mal... ya están los resultados, los han hecho con urgencia, y está todo mal. No terminamos la semana, peque. Hay que madurarle los pulmones al pollito ya, tenemos que volver para poner la primera inyección. No hay tiempo. Están fallando mis riñones y mi hígado.


Nebulosa. A partir de aquí, vida en off. Salimos de casa corriendo, tomamos un taxi, recuerdo que llamé a mi jefe: "liver failure... kidney failure...I will not make it for the handover meeting... I'll be disconnected from today".


Dedos entrelazados. Yo no paraba de llorar, pero es que yo lloro por casi todo. Parejo no, parejo por casi nada. Y de pronto le miré, y le vi llorando. Y eso impresiona.

Ahí es cuando supe que la cosa iba muy en serio. Empezaba el lunes más largo de nuestra vida.


Siempre bromeé con que yo no podía estar teniendo tanta suerte, que con lo ceniza que soy, yo no podía haberme preñado en el primer tratamiento y estar teniendo un embarazo tan bueno. Que el karma me lo iba a pagar con un parto horrible.


Pero nunca imaginé que el karma llegara a ser tan, tan cabrón.




(Continuará...)

4 comentarios:

  1. Impactante cómo se sucedió todo corazón. Creo que tú experiencia puede ayudar a futuras mamás a que en caso de tener esos síntomas consulten con su personal de ginecología.
    Supongo que escribir todo esto te estará removiendo mucho por dentro así que te mando un beso gordo.

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    1. Ojalá ayude en algo a futuras mamás. Mi aprendizaje es que es muy importante que en cada visita (especialmente a partir del segundo trimestre) se controle la tensión y que en caso de tener cualquier duda o síntomas repentinos, se hable con el médico y se compruebe la tensión. Yo no tuve nunca síntomas preocupantes y, sin embargo, mi caso era severo.
      Escribir remueve y ayuda. El final es feliz, por suerte :)

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  2. Jo, vaya palo! Pero por mi experiencia, soy mama de un prematuro de 31 semanas, todo se olvida y como me dijo mi pediatra, los sietemesinos son unos luchadores y se hacen ENORMES. Un beso.

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    1. Ay, Mere, mi hija es taaaaan enorme. El tiempo hace su trabajo muy rápido, pero creo que siempre que recuerde esos días y los que siguieron en la UCI se me asomará una lagrimilla. Un abrazo fuerte de otra mamá de prematura

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