jueves, 19 de julio de 2018

Hablemos de un básico: los pañales

Si me sigues en las redes, a lo mejor te has fijado en que mi maternidad es muy minimalista en lo que a lo material se refiere. Vamos, que por no tener, no tenemos ni carro, ni silla, ni cuna, ni minicuna, ni maxi cosi, ni parque, ni mueble cambiador, ni bolsa de maternidad, ni chupetes, ni biberones, ni mordedores, ni trona (hasta ayer), ni... no sé, no tenemos un montón de cosas que la gente tiene. Y otras que tenemos, como cremas para el culete, hidratantes, geles de ducha de bebé, casi ni usamos. Os debo un post sobre cosmética.



Ya me entrené en el embarazo, al que sobreviví sin comprar ni una sola prenda de premamá. Has oído bien, nasti de plasti, y tampoco me prestaron, ¿eh?, que yo no hago trampas. Es que lo de ir de compras me da perezón en general.

Claro que de lo que no hemos podido librarnos es de comprar pañales. Es lo que tienen los bebés, que son muy adorables y muy tiernos y cagan mogollón. Que a lo mejor has leído esas teorías modernas de observar a tu bebé y estar en plena comunión con él y entender los gestos que anticipan una plasta, pero ya te digo que nuestra enana es poco fina y a veces dices :"esta niña está a punto de hacerse lo más grande" y aciertas, y otras veces las plastas son silenciosas e igual de peligrosas y pestilentes. No te recomiendo pues que estés atenta a las señales de tu bebé y que prescindas de los pañales, por si eres una loquer que se lo estaba planteando. 

Nuestra idea era haber investigado sobre los pañales de tela, pero ya sabes que se adelantó el parto y nos pilló en bragas (nunca mejor dicho). Así que nuestro primer paquete de pañales fue uno que compramos en la farmacia que estaba más cerca del hospital donde di a luz: Dodot Sensitive talla 0, especiales para bebés entre 1,5 kg y 2,5 kg. Lanzo llamamiento: fabricantes de pañales del mundo, pensad en los bebés prematuros para vuestros productos; desgraciadamente, hay mercado.

Desde entonces, solo hemos probado 5 marcas o modelos diferentes, algunos no lo suficiente como para hacernos una idea seria. Pero bueno, yo te lo cuento igual:


1. Dodot Sensitive 



Como te decía, los primeros que tuvimos. Muy absorbentes, tanto que en la UCI se le quedaba el culillo pegado. Escapes, lo normal, y precio, pues creo que de los más caros dentro de los pañales "estándar" de supermercado. No tuvimos problemas de rojeces. Los calificaría en general como un buen pañal, aunque nos hayamos cambiado a otra marca (te lo cuento más adelante).


2. Chelino

Como había oído hablar muy bien de ellos, hice un pedido online y los probé. Me pareció que tenían una excelente relación calidad/precio, muy absorbentes, escapes lo normal. Lo que menos me gustó era el olor. En casa somos muy maniáticos con que los productos de bebé no huelan a nada y recuerdo que estos pañales nos olían, así que descartados para nosotros. 


3. Pingo
Con Pingo llegó el amor. Nos llegaron unas muestras, los tocamos y ya está, no hizo falta mucho más, es el pañal definitivo para nosotros. Es que el tacto es increíble. Tienen todo lo que buscamos en un pañal: suavidad extrema, aguantan y ajustan genial, poca sensación de humedad en la piel, cero olor. Escapes, lo normal. Se ve que o somos muy lerders poniendo pañales o lo de nuestra peque se sale de lo común, pero aún no hemos dado con el pañal definitivo "sin escapes". Y bueno, ya lo que me acabó de convencer son los valores de la empresa y su forma de trabajar. El precio es elevado en comparación con otros pañales, pero es un gasto que podemos asumir y que nos estamos ahorrando en cremas y químicos. Yo los compro online en Agarnatur, que es la tienda de una amiga y no me paga por poner este enlace ni nada. 


4. Moltex



No se puede decir que hayamos tenido mucha opción de valorarlos en detalle, ya que solo probé como 3 ó 4 pañales que me dieron de muestra, así que no te puedo hablar demasiado. Yo estaba por la labor de darles una oportunidad y comprar un paquete ya que me pareció que tenían buena pinta y encontré una oferta en una tienda al lado de casa, pero parejo me convenció y me dijo que si estábamos a gusto con Pingo, para qué andar probando. Eso y que vienen decorados con motivos de Pocoyó, que aunque es un ser angelical e inocuo (creo), en esta casa somos un poco bastante raros y pasamos de entrar o introducir el consumismo infantil en la medida de lo posible a tan tiernas edades. 


5. Dodot pants




He de decir que estos pañales me han llegado gratis para que los probara, así que no puedo valorarlos desde la perspectiva de haber pagado por ellos. 

Es un pañal braguita en lugar de un pañal tradicional con cierres de pega, así que pensé: "oh, qué guay, veamos si esta es la solución definitiva y no tenemos que comernos más la cabeza con nuestro lerderismo a la hora de ajustar pañales y nos olvidamos de los escapes".  Parejo pensó un poco distinto y me dijo que "nuestra hija no era una coneja y que me dejara ya de hacer experimentos". 




También me dijo que no lo veía, lo de los pañales braguita, porque a ver si al quitarlos le íbamos a restregar toda la caca a la niña. Yo también me preocupé. Pero desde aquí te digo que no, que están pensados para quitarlos rompiéndolos por los lados. Repito: rompiéndolos por los lados. 

La verdad es que nosotros no tenemos la batalla esa que dice la publi a la hora de poner el pañal. Seguro que es porque nuestra enana no se mueve demasiado aún. A veces me pregunto si la prematuridad tendrá algo que ver o si es que es así de vaga por naturaleza, que para algo me pasé yo la infancia calcando mapas y no estaría mal que hubiera heredado alguno de mis genes. 

La verdad es que nos ha gustado el ajuste, los laterales elásticos hacen que sean unos pañales de los que se quedan muy pegaditos a la espalda. Pero por lo demás, no le vemos demasiadas ventajas y, por contra, sí algunos inconvenientes frente a nuestros pañales actuales: 


  • Nos da la impresión de que están menos secos al tacto y hay que cambiarlos más a menudo
  • Lo de que se metan como una braguita, más que facilitar el cambio de pañal, hacen que apriete bien fuerte el esfínter (vamos, que me acojono toíta) a la espera de que la peque decida mearse (o peor, ya tú sabes) en pleno cambio. Cosa que con un pañal de los de siempre pues no me pasa, porque lo pongo debajo a modo de contención mientras lo ajusto y me da más sensación de seguridad. 



Conclusión

Ya ves que en esto de los pañales no somos muy de cambiar ni de probar demasiado. Mientras la muy pequeña nuestra siga estando un poquito alelada y, por tanto, se preste a una colaboración moderada en el momento cambio de pañal, no suponen una ventaja destacable para nosotros los pañales tipo braguita. Quizá más adelante tenga que desdecir mis palabras cienes de veces.

Dentro de los pañales tradicionales, seguiremos fieles a Pingo, aunque sean de precio más elevado que otros: nos compensa que la bebé siga teniendo la piel tan estupenda sin utilizar apenas cremas, solo de forma muy esporádica. Porque total, escapes hemos tenido con todos.

Y es que contra unos padres un poco lerders no hay nada que hacer. 

¿Y tú? ¿Has encontrado el pañal perfecto?


martes, 10 de julio de 2018

Lactando a un prematuro: 6 meses de LME (y lo que nos queda...)

(Spoiler alert: post larguito. Si tienes que elegir lo que lees, no te pierdas el apartado sobre cómo ser donante de leche en la Comunidad de Madrid y el de Apoyo y Agradecimientos, donde creo que encontrarás algún enlace interesante)


Venga, va... voy a hablar de lactancia. Si no lo he hecho hasta ahora es porque me produce pereza máxima: por motivos que se me escapan, parece que la discusión teta-biberón es de las más encarnizadas en esto de la maternidad. 





Así que vaya por delante que no pretendo posicionarme en bando ninguno, si tal cosa existe. Me limito a relatar mi experiencia personal, con ánimo de ayudar a quien esté buscando información o vivencias en esto de lactar a un bebé prematuro.

Yo doy pecho. En exclusiva, a excepción de 6 ml de leche de fórmula para prematuros que tuvieron que administrar en dos jeringas en los primeros días de nuestra estancia en la UCI, ya que mi ritmo de extracción no se acompasó al principio con los estrictos horarios y cantidades de la UCI y en el hospital en el que nació Emilia no disponen de banco de leche materna procedente de donantes. 

¿Los motivos por los que doy el pecho? Pues básicamente, porque quiero. Así de simple. Porque es mi elección personal y no hago daño con ello a nadie. Porque considero que es la mejor opción para mí y para nuestra familia. Porque me resulta práctico. Porque después de la infertilidad y de un embarazo que no llegó a término, dar el pecho me ha reconciliado con mi cuerpo y ha hecho mucho más llevadero el postparto. Porque me empeñé, me lo curré infinito, encontré el apoyo que necesitaba para continuar en las horas bajas y tuve suerte con una bebé y unas circunstancias que pusieron el viento a favor a partir de un momento dado. No necesito más argumentos.

A continuación te cuento qué hice en el preñamiento, cómo fueron los inicios, cómo veo el futuro y comparto mi experiencia como donante de leche materna y los recursos que me han sido útiles en nuestra lactancia. Ojalá sirvan de ayuda.


Información durante el embarazo

Yo llegué al preñamiento muy informada sobre lactancia, pero informada nivel como una década antes. ¿Por qué?, te preguntarás. Tienes razón, lo reconozco, a la gente en general le choca que me interese y lea mucho sobre temas muy variados que a veces ni me van ni me vienen en ese momento de mi vida, pero es que yo soy muy curiosa. Total, que yo todo el rollo sanitario (que no se me malinterprete), recomendaciones de la OMS, iniciativas en los hospitales de la Comunidad de Madrid, que es en la que vivo, significado e importancia de los percentiles, etc. ya me lo tenía trilladísimo. 

No obstante, conociendo toda la teoría, me preguntaba: si se supone que está todo tan clarinete, ¿por qué narices no conozco a mi alrededor, en persona, ni una sola lactancia prolongada exitosa? Ni una. Recordaba a mi madre contando que intentó darme pecho pero me quedaba con hambre y no tardó mucho en pasarme a fórmula; con mi hermano, ni siquiera lo intentó. El resto de mujeres que en la vida me hablaron de lactancia, por uno u otro motivo, se encontraron con dificultades y no siguieron con el pecho o suplementaron con fórmula, normalmente más pronto que tarde. 

Por eso estaba tan descolocada. ¿Qué leñes pasa? Si todo era tan sencillo como proclamaba la teoría, ¿por qué a mi alrededor eran todo lactancias fracasadas (qué palabro más desafortunado)? 

Durante el embarazo, no quise preguntar a ninguna mujer conocida acerca de su experiencia con la lactancia. Tampoco lo hice sobre el parto. ¿Para qué? ¿Para oír historias de terror? 

Lo que sí hice fueron tres cosas, de las cuales dos no me sirvieron de nada (pero ojo, me parecen importantes, lo que pasa es que las cosas se precipitaron y a mí, personalmente, pues no me fueron tan útiles como creía):

1. Buscar un equipo, hospital y matrona bien formados en lactancia materna. Tengo seguro médico privado, así que tenía cierto margen de maniobra en este aspecto, aunque me consta que hay muy buenos hospitales públicos que aplican muy buenos protocolos de lactancia. El equipo que llevó mi embarazo sabe mucho de lactancia, una de las dos matronas es IBCLC y ha lactado exitosamente a sus cuatro churumbeles. Pusieron mucho enfásis en las clases preparto; de hecho, una de las tres clases trataba solo de lactancia. 

(Oh, yeah, me dio tiempo a hacer el curso de preparación al parto porque soy muy precavida y lo hicimos entre noviembre y diciembre. Sí, el curso que hicimos solo tenía tres clases y no vimos ni un solo vídeo de parto. Has oído bien: he parido sin ver ni un vídeo de parto o cesárea).

Bueno, pues todo esto no me sirvió de nada. Ojo, no porque no valore la labor de los profesionales que me atendieron sino porque nos hicimos caca me pudo la presión y acabé eligiendo en el último minuto un centro que tuviera UCI de adultos y una UCI de neonatos más grande, pariendo con un equipo que no me conocía de nada y en un hospital con protocolos más bien grises en cuanto a lactancia materna. 

No me arrepiento de lo que hicimos, me sentí acompañada y bien atendida en todo momento. Ahora bien, con la perspectiva y cabeza fría que precisamente no tienes bajo la tremenda presión y miedo atroz de un embarazo que se trunca sin previo aviso, hoy elegiría sin duda irme al 12 de Octubre, por ser el hospital de mi zona que tiene uno de los mejores protocolos de atención a la preeclampsia y bebés prematuros de la Comunidad de Madrid (y no son los únicos, por supuesto).

2. Leer el archiconocido "Un regalo para toda la vida" de Carlos Gónzalez, libro rebautizado por parejo y llamado en mi hogar "Muchos pechos". Fue una de nuestras lecturas del pasado verano, en el primer trimestre del embarazo (aquí el "Muchos pechos" lo leímos todos, parejo y la menda).

Parejo se hizo fans enseguida. Chicas, está muy requetebién que vuestros parejos se informen y os acompañen en esto de la lactancia. Yo era más escéptica (y después de vivirlo en mis carnes lo soy un pelín más): ¿cómo podía pintar el amigo Carlos un mundo tan ideal y tener yo a mi alrededor tanta lactancia interrumpida? Que sí, que la teoría está muy bien, pero que entran variables mil y leñe, que ni todo era antes tan bonito ni somos tan lerders actualmente. Hay cosas, amigo Carlos, que si pudiéramos tomar un cafelín así de buen rollo, te diría que hombre, bien, pero que están un poquito generalizadas y que dejes de mentar tanto a las abuelas, porfi plis, que a la mía le pregunté después de parida ya y me dijo que en sus tiempos y entorno social daban el pecho un par de meses y luego  leche de vaca rebajada mezclada con harina tostada, y que somos muchos también los que criamos sin tribu y tenemos parejas corresponsables (qué poquito se habla del papel del padre en los cuidados del bebé en todo el libro, esto lo eché un poco de menos, la verdad). 

Bueno, pues leerme el "Muchos pechos" tampoco me sirvió demasiado. Aprendí sobre el funcionamiento fisiológico del pecho, alguna curiosidad que se me ha olvidado ya, y sí lo encontré muy práctico para saber dónde buscar info si la necesitara (no me hizo falta). A lo mejor es porque ya venía bastante sabida de antes y al haber leído muchos artículos y fuentes fiables, ya conocía mucha de la información que se presenta en el libro.

A favor del amigo Carlos, he de decir que parejo sigue siendo tope fans.





3. Ir a una reunión del Multilacta, el grupo de lactancia que se reúne en mi barrio.  Ahí estaba yo, preñada de apenas 6 meses en un grupo de lactancia, rodeada de parejas con sus recién nacidos y mamás de amplia experiencia lactante, como un elefante en una cacharrería. Gensanta, qué agobio me entró de ver a tanto churumbel y yo con mi tripón pensando que la maternidad siempre sería ese ente extraño en mi vida y que qué cullons iba yo a hacer con un bebé en brazos. 

Me presenté vergonzosa y una chica me dijo: "qué bien habría hecho yo si hubiera venido estando embarazada". Recuerdo que conté que una de las pocas cosas que tenía claras de mi maternidad es que quería dar el pecho, pero que tenía miedo de decirlo muy alto porque no tenía ejemplos de lactancias exitosas a mi alrededor e imaginaba que la práctica era bastante más complicada que la teoría. Escuché atenta durante dos horas a las mamis y papis contar sus preocupaciones y conocí a Emma, la asesora de lactancia que aquel día facilitaba la sesión.

Bueno, pues ir al grupo de lactancia fue lo mejor que he hecho por mi lactancia. Tener el teléfono de Emma me salvó después del parto. Chicas, consejo no pedido, si queréis dar el pecho y lo tenéis claro, contactar con una asesora antes del parto. 


Primeros días y subida de la leche. Todo en contra. 

Con todo mi paquete de conocimiento sobre lactancia de la perfecta embarazada, me vi en de repente pariendo casi dos meses antes de fecha, muerta de miedo, esperando a nuestro pollito de kilo y medio, con absolutamente todo en contra: con un equipo médico que no me conocía ni conocía mis cada vez más tímidas intenciones de dar pecho (créeme, la escala de prioridades cambia bastante cuando temes por tu vida y la de tu bebé), una cesárea considerada de alto riesgo, una separación forzosa de mi pequeñísima, un bebé prematuro de 32 semanas en la incubadora. 

No miento si te digo que casi no pensé en nuestra lactancia en los dos días que estuve ingresada esperando que la inyección para madurar pulmones hiciera efecto. Ya la di por perdida. Solo quería que las dos saliéramos vivas.

Entré a quirófano casi a las nueve de la noche tras dos días en los que apenas habría dormido cuatro horas en total. No tardaron mucho en la intervención, veinticinco minutos después se llevaron corriendo a la UCI a una niña diminuta y peluda, llorosa, envuelta en plástico y metida en lo que parecía una nave espacial. Me subieron a planta cerca ya de las once de la noche. Un rato más tarde, que no sé cuantificar porque no hacía más que llorar junto a parejo y abrazarnos, entró en la habitación una enfermera con un sacaleches de esos ultrapotentes de hospital:

- ¿Quieres dar el pecho?

Que si quería dar el pecho, me preguntaba, sin hija a la que ofrecérselo. Mientras oía los llantos de los bebés con sus mamás en las habitaciones contiguas. 

- Sí - contesté. 

- Pues entonces, toma - me dejó el sacaleches al lado del enchufe - Estimula cada tres horas hasta que tengas la subida.

Y ya, esa fue la escueta explicación que recibí. No esperé ni un minuto. Parejo me enchufó el aparato y puso las copas, me ayudó a incorporarme en la cama porque yo no podía moverme entre la anestesia y el dolor. No leí las instrucciones que estaban plastificadas en el aparato, simplemente hice lo que pude y observé con desilusión que apenas se cubría el fondo del recipiente. 

- Voy a pedir una jeringuilla- resolvió parejo triunfal ante mi mirada de asombro- Pido una jeringuilla en el mostrador de enfermería y me lo llevo a la UCI. 

1ml. Llené una jeringa de 1ml. Parejo salió corriendo a la UCI y tardó en volver. Cuando lo hizo, estaba muy feliz sonriendo. 

- Estaban a punto de darle la primera toma con leche de fórmula. Pero he entrado triunfal con la jeringa y la han metido en la máquina, así que está tomando tu leche por sonda. Me han dicho que lleve todo lo que saques.

Yo alucinaba. Ni tan siquiera había podido cogerla en brazos, pero se estaba alimentando de mi leche. Nadie nos había dicho que aquellos primeros ridículos ml sirvieran para algo; de no ser por parejo, los habría tirado. 

Me puse la alarma del despertador cada tres horas. Necesitaba descansar, parejo también, pero cada tres horas como mucho sonaba la alarma, despertaba a parejo si estaba durmiendo, él me acercaba el sacaleches, me ayudaba a colocármelo y luego se llevaba los pocos ml que hubiera a la UCI. 

Al día siguiente ya pude entrar yo también, coger a mi hija, besarla, cantarle, ponerla piel con piel. No dejé de sacarme. Estaba todo el tiempo con las tetas al aire. En estos primeros días fue cuando tuvieron que complementar en algún momento con un par de jeringas de fórmula. En estos primeros días, ya contacté con Emma, la asesora de lactancia que había conocido para explicarle cómo había acabado todo y contarle lo que estábamos haciendo.

Unas 72 horas después del parto, ya llenaba 35 ml sin dificultad. Esa noche subió la leche. Tetas a lo Sophia Loren y un dolor que me despertaba antes que el propio dolor de la cesárea. Parejo tenía que ayudarme a incorporarme en la cama y acercarme el sacaleches porque yo no podía ni girarme apenas, era como si me clavaran cincuenta mil agujas a la vez en los pechos. Íbamos dejando con disciplina todos los botecitos que sacábamos, perfectamente etiquetados con el nombre de la peque, en la zona de la UCI habilitada para ese fin. 





Yo cuando leo la teoría esa de que la subida de la leche no duele, me parto toda.


Dos semanas en incubadora: lactando en diferido

En la UCI pronto descubrimos que cambiar pañales a un bebé diminuto lleno de cables es estrenarse en la paternidad en modo hardcore y también que el famoso "a demanda" no funciona, al menos no en la que estábamos (sería bueno conocer otras experiencias). Las cantidades y los tiempos están pautados, las tomas son las que son, medidas, se anotan en un cuaderno milimetrado. Aunque contrariamente a lo que piensan muchas personas, que el único problema de los bebés prematuros es engordar, sí es cierto que el peso se mide rigurosamente y es uno de los datos que diariamente se facilita a los padres el en parte matinal de pediatría. 


Por si esto fuera poco, mi bebé nacido en la semana 32 no sabía succionar. Tampoco el pezón le cabía en la boca. Nuestra peque solo podía alimentarse con sonda. En nuestro hospital estaban llevando a cabo un estudio acerca de cómo cierta estimulación oral llevada a cabo por un fisioterapeuta especializado puede promover que los prematuros aprendan a succionar y mejorar su succión, así que decidimos colaborar. También nos recomendaron el uso de un chupete específico para prematuros, que dice contribuir a la aparición del reflejo del succión. 

Mas o menos trascurrida la primera semana, los médicos intentaron retirarle la sonda a nuestra muy pequeña e iniciar la alimentación únicamente por boca, con biberones preparados de mi leche y tetinas blandas diseñadas para bebés prematuros. Fue un fracaso, Emilia no podía aún hacer el esfuerzo de tomar toda la cantidad de alimento que necesitaba para seguir creciendo adecuadamente por boca, así que hubo que volver a sondarla y comenzamos a compaginar sonda y biberones. Del pecho, ni hablábamos, a pesar de que la pobre mía se revolvía a menudo al contacto con mi piel e intentaba chupar algo. Imposible, el pezón seguía sin caberle en la boca y no tenía fuerza suficiente.

Apenas una semana de vida y ya habíamos incumplido todas las recomendaciones. En los bebés nacidos a término se recomienda no usar tetinas ni chupetes hasta que la lactancia esté bien establecida y la peque ya había probado las dos cosas. Recuerdo que escribí a Emma, la asesora, de nuevo, no sabía si íbamos por el buen camino y su consejo fue sabio: era momento de elegir las guerras que luchar y yo me sentía luchando contra titanes. Así que ante las adversas circunstancias me centré en mantener una producción de leche elevada y empecé a informarme sobre como relactar para cuando estuviéramos en casa, dando por perdido un posible enganche antes.

Las horas en la UCI transcurrían piel con piel. Las mamás pasábamos más tiempo con las tetas fuera que dentro, turnándonos el sacaleches de la unidad, etiquetando botes, dejándolos donde correspondía para que el personal pudiera prepararlos en cada toma. Nuestra logística se complicó cuando me dieron el alta, también se incrementó nuestro cansancio: ahora mis comidas ya no estaban "incluidas" ni la UCI a la vuelta de la esquina. Con una cesárea reciente, el hierro bajo mínimos, la tensión descompensada y los valores renales y hepáticos lentamente recuperándose, yo apenas podía dar una vuelta por mi calle ni para comprar el pan. 

Parejo consiguió una bolsa térmica y un par de bloques de hielo de esos en plástico, un Medela Swing y envases aptos para poder almacenar la leche. En el hospital me sacaba todo lo que podía, cerca de la niña era más sencillo. En casa, disciplina férrea, cada tres horas máximo, día y noche. Etiquetaba los botes con fecha y hora, los guardaba en la nevera y los llevaba al hospital en la bolsa. Pronto los enfermeros me llamaron la atención y me pidieron que dejara de transportar la leche que me extraía en casa: les estaba dejando más de 800 ml al día y no daban abasto. Las necesidades de la peque eran mucho menores. Así que empecé a congelarla en casa, para ir haciéndome un fondo de armario para cuando nos dieran el alta.

Me sentía bien. Estábamos vivas. La peque iba para adelante. Todo lo demás era un cúmulo de despropósitos, pero yo al menos estaba consiguiendo sacarme leche. 

El día que Emilia cumplió dos semanas en este mundo, los médicos decidieron pasarla de la incubadora a cuna y retirar otra vez la sonda. Sería la definitiva. 


Última semana en la UCI: burlando a la "policía de la lactancia"

En una UCI de neonatos trabajan muchas personas. Aunque exista un protocolo en el hospital, algunos están mejor formados que otros sobre lactancia materna o muestran más interés en ayudar. Recuerdo con mucho cariño la conversación con una enfermera a la que no había visto nunca una noche en la que estaba con la niña puesta al pecho:

- ¿Qué, se engancha?
- Qué va -le contesté, estaba de hecho muy desanimada, incluso incómoda con la situación- No conseguimos nada. Chuperretea, juega, pero nada más. 
- No hay nada lúdico en lo que hace -me dijo- Te está conociendo, déjala que explore, que huela, que chupe. 

Entre ella, una pediatra majísima y varias enfermeras, me dieron el empujón que me faltaba. 

- ¿A ti cómo te gustaría volver a casa? ¿Con la niña al pecho?- me preguntó la pediatra.
- Sí, claro. Pero no quiero ralentizar su crecimiento. 
- Eso no va a pasar. Para eso estamos aquí. Pero si quieres irte con la niña al pecho, tenemos que probar. Ten en cuenta que no solo importa el qué coma, sino el cómo. Tienes buena producción, si quieres podemos probar estos días, ve poniéndola al pecho y vamos sustituyendo biberones por teta. 
- Además, será mejor que comprobemos aquí que sigue aumentando de peso al estar a teta - remató una de las enfermeras más dulces- Que si no luego te vas a ir a casa preocupada. Tú lo que tienes que hacer es estar aquí todo el número de tomas que puedas, darle teta todo lo que puedas, y cuando no estés tú, solo entonces, le damos biberón. 

Les hice caso. Además de darle pecho, me seguía sacando para no bajar la producción y por si teníamos que tirar de leche congelada, como me había recomendado por teléfono Belén, una asesora especializada en prematuros con la que contacté. Además,compramos una tetina Calma de Medela con el objetivo de que la usaran cuando yo no estuviera y hubiera que tirar de biberón. No pudo ser, era demasiado grande para la peque. Tendríamos que continuar con las tetinas de siempre.

El personal de la UCI, siempre que preparaba las tomas de los demás bebés, me preguntaba:

- ¿Os caliento un biberón?
- No, estamos a pecho a ver qué tal va la peque. Biberón solo cuando yo no esté. 

Me parecía que no todos veían con los mismos buenos ojos no poder apuntar cada tres horas lo que había ingerido la cría.

-¿Qué tal, qué y cuánto ha comido Emilia?
- Pecho, estamos a pecho. Esta semana vamos a intentarlo. Se ha enganchado hace una hora. 

Porque no podíamos saber los mililitros ni tampoco el hambre de mi bebé coincidía con las 3 horas que pasaban entre tomas del resto de bebés ingresados, así que complicábamos un poco el trabajo del personal que tan medido llevaba todo...

Me iba casi todos los días llorando a casa. Sentía que el experimento no estaba funcionando: la peque se pasaba horas y horas en lo que parecía una lucha eterna con mis pechos, inquieta. Cuando finalmente se enganchaba, mi sensación era que comía poquísimo, que casi no succionaba, que se cansaba. No dejaba de pensar en lo sencillo que sería darle un biberón, medir las cantidades, estar segura de que estaba comiendo. Alguna noche, cuando la niña estaba especialmente irritable, le dimos biberón de mi leche.
Salía diciéndole a parejo que no iba a salir bien, que la peque iba a perder peso. Y a diario alucinaba cuando en el parte de pediatría nos decían que había ganado entre 30 y 50 gramos. 

En mi fuero interno, me preguntaba cuántos biberones le estaban dando en mi ausencia. Ya veis, yo seguía sin confiar.


En casa y hasta hoy

El día que Emilia cumplía tres semanas y había pasado el 1,900 kg, la pediatra nos dijo que nos firmaba el alta. ¡Nos íbamos a casa! Por primera vez estaríamos sin el pi,piiiiii de las máquinas de la UCI como banda sonora de nuestra vida de tres, por primera vez no habría nadie observándonos. Asustaba, mucho, traspasar el umbral de nuestro domicilio con una bebé que no llegaba a los dos kilos y que era más o menos una tercio de mi gata.

Dos pediatras en concreto nos felicitaron por nuestro trabajo en la UCI. Una de ellas me confesó que en su vida profesional podía contar con los dedos de una mano los prematuros de la edad de la nuestra que se habían ido a casa solo a teta. 

Parejo estaba segurísimo de que en la lactancia todo iba a ir bien. Yo no las tenía todas conmigo: por las noches la peque había estado haciendo tomas de biberón y quizá no pudiéramos quitárselo tan fácilmente. Yo era torpe cogiéndola, no siempre conseguir que se enganchara era coser y cantar. Menos mal que tenía más de litro y medio de leche congelado en la nevera.

La primera toma por la noche en casa fue desesperante. La peque se puso histérica, y yo más, entramos en un círculo en el que no lográbamos acoplarnos en ninguna posición: ella cabeceaba todo el tiempo mientras los decibelios aumentaban y de mi pecho no salía ni gota de leche. Estábamos nerviosísimas las dos y parejo descongeló un bibe de mi leche que la niña devoró al instante. Yo apenas pude volver a dormir. La escena se repitió en la misma toma del día siguiente, aunque en esta ocasión conseguimos un enganche in extremis en una postura incomodísima, en el mismo momento en que parejo entraba en la habitación biberón en mano. Ese no hizo falta. Ni ninguno más. 

Belén, la asesora experta en prematuros que me había atendido por teléfono hacía unos días, vino a vernos a casa. Me dio algunas pautas para la postura ("que no quepa ni un folio entre tú y la niña cuando la cojas") y me enseñó a dale de mamar tumbada. Me dijo que había sido clave que hubiera logrado mantener la producción alta para el momento vuelta a casa, que parecía que la peque mamaba muy bien y que consideraba que podía dejar de extraerme, que iba a descansar mejor y disponer de más tiempo. Respiré aliviada.

En esto de la lactancia (bueno, ni en la maternidad en general) nunca he mirado el reloj. Si ahora me preguntas hace cuánto que tomó mi hija o cuánto tiempo duró la toma, te responderé que no lo sé. Con el peso fuimos algo más cuidadosos, pero mantuvimos el equilibrio y no caímos presas del pánico a pesar del bajo peso de nuestra hija: la pesábamos cada mañana al principio, en una báscula de cocina sobre una tabla de cortar, y pronto vimos que seguía ganando de forma estable. Así que pasamos a pesarla un par de veces por semana y luego ya solo en las revisiones (mensuales en nuestro caso, mi pediatra ha preferido verla una vez al mes por su prematuridad). 

Seis meses después, el litro y medio que tenía congelado "caducó" y con todo el dolor de mi alma, he tenido que tirarlo. He sufrido tres o cuatro obstrucciones puñeteras en la zona de la axila que he solucionado con masajes, más teta del pecho afectado e ibuprofeno ocasional. Mi único ajuar de lactancia son dos cojines que ya casi ni uso, como los discos de lactancia, cuatro camisetas de lactancia del H&M que me han acompañado toda la temporada invierno-primavera, dos sujetadores terribles de Women'Secret y el Medela Swing. No he utilizado ni cremas, ni pezoneras, ni nada. Me saco la teta en cualquier lugar, con más decoro fuera de casa que dentro. Tampoco he detectado ninguna de las famosas crisis, sí ha habido épocas más demandantes que otras, pero nada como para hacer flaquear mis fuerzas seriamente. Sospecho que la bebé se lía entre edad cronológica y corregida y por eso ha pasado de montármela.

Me siento orgullosísima de lo que he conseguido en la lactancia. Ni yo misma daba un duro por ella. Ahora tenemos una bebé que ya ha entrado en percentiles solo a pecho y ha ido poniendo más de un kilo por mes hasta hace relativamente poco. 

Hoy se cumplen 6 meses de Emilia en nuestras vidas y 6 meses de nuestra lactancia materna exclusiva. Por cierto, la peque se duerme a la teta y oye, no me parece grave ni nada.


Ser donante de leche en la Comunidad de Madrid

Tener un hijo prematuro y pasar por la UCI de neonatos es una experiencia que marca. Es imposible no ponerse en el lugar de las familias que están pasando por momentos durísimos al lado de unos diminutos que han llegado para darnos una lección de las grandes. Desde que la lactancia estuvo bien establecida, supe que iba a colaborar para devolver al mundo una pizquita de todo lo bueno que me estaba pasando. Así que en abril me hice donante de leche en la Comunidad de Madrid. 

Si eres mamá lactante, conoces a alguna mamá lactante o lo vas a ser en breve, por favor, lee esta información y compártela. Yo voy haciendo causa ahí por donde voy, porque no es una iniciativa muy conocida; por ejemplo, en mi centro de salud, ni la enfermera ni la pediatra sabían de su existencia. 

En la Comunidad de Madrid solo hay un hospital con instalaciones para tratar la leche donada, el 12 de Octubre. Sin embargo, la leche se puede depositar en 4 puntos de entrega: el propio 12 de Octubre, La Paz, el Severo Ochoa en Leganés y el Puerta de Hierro en Majadahonda. Desde los puntos de entrega, la leche se transporta al Banco Regional del 12 de Octubre, donde se trata y se reparte a las UCI de neonatos de varios hospitales públicos de la Comunidad. A día de hoy, según me explicaron, existe más demanda que donantes, así que la leche se prioriza para los grandes prematuros o aquellos casos con más complicaciones. 

Donar leche es sencillo. Te harán un cuestionario de salud y unos análisis de sangre y te facilitarán todo lo necesario para que puedas extraerte, etiquetar, congelar y transportar la leche adecuadamente. No te desanimes si con el sacaleches no te extraes demasiado, incluso pequeñas cantidades son importantísimas para los bebés prematuros. Sus aparatos digestivos no están desarrollados y uno de los problemas más frecuentes a los que se enfrentan es la enterocolitis necrotizante, que se ha demostrado menos frecuente en los bebés alimentados con leche materna.

¿Qué más puedo decirte para convencerte? Quizá que detrás de todo nacimiento prematuro, además del bebé que lucha por salir adelante, hay unos papás que están sufriendo muchísimo y una mamá que puede tener problemas serios de salud, suele estar muy perdida y siempre está teniendo infinitas dificultades añadidas para establecer su lactancia. Una mamá que agradecerá de todo corazón este pequeño gesto nuestro y que le ayudará a estar más tranquila para iniciar su lactancia. 

Por eso te animo a que dones en la medida de tus posibilidades. Te dejo abajo los enlaces donde podrás encontrar toda la información que necesitas para entender completamente el proceso:

http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=Page&cid=1354435274236&pagename=Hospital12Octubre%2FPage%2FH12O_ServiciosPrincipal

http://www.madrid.org/cs/Satellite?cid=1354435352101&language=es&pagename=Hospital12Octubre%2FPage%2FH12O_contenidoFinal

Si conoces cómo funciona la donación de leche en tu Comunidad, no dudes en explicarlo en los comentarios para que quede constancia para otros lectores. ¡Sería genial!


¿Hasta cuándo voy a lactar?

Bueno, pues como diría mi amigui @quierouncactus, básicamente, hasta que me salga del pirri. Vamos, que rait nao no tengo ni idea, ni plazos mínimos ni máximos. Es cierto, eso sí, que por ahora no me apetece nada dejar de dar el pecho y la enana tampoco tiene pinta de irse a destetar rápidamente. Así que igual aguantamos un porrón.

O no, ya que en breve nos enfrentaremos a algunas dificultades: la introducción de la alimentación complementaria (que si ya hay desinformación en el caso de bebés a término, para prematuros ya es directamente el caos más absoluto y la destrucción planetaria; por Diooooor, si alguien tiene en su poder información sobre el asunto, que no dude en arrojar luz y sacarnos de las tinieblas) y la incorporación a un trabajo que me exigirá viajes y estancias fuera de casa. Hay quien me ha recomendado empezar a darle leche en biberón para llegar preparados a ese momento; sinceramente, no veo la necesidad de adelantar las etapas, de momento sigo en casa y mientras siga en casa, hay teta. Y entretanto, planificando como es costumbre, voy sacándome leche para el futuro, pensando en mis ausencias.

Iremos viendo según vayan surgiendo los temas, en plan zen. 


Apoyo y agradecimientos

Sacar adelante una lactancia sin apoyo tiene que ser complicado. Por otro lado, todos somos muy partidarios de la lactancia materna hasta que ven que tú las das "locamente", sin restricciones, y entonces ahí empiezan los comentarios de "¿pero hace cuánto que ha comido esta niña?" y las caras de reprobación. Que me imagino yo que lo mismito será para quienes optan dar el biberón, que somos todos muy tolerantes, hasta que la gente empieza a meter las narices donde no le llaman. Ese y no otro es el quid del asunto, meter el morro en las vidas ajenas, no lo duden. 

Reconozco que estoy vacunada frente a las opiniones externas y hago bastante oídos sordos a las recomendaciones que provienen de personas con poca formación en el tema o nula empatía. Y cuando alguien pregunta con curiosidad, yo contesto con naturalidad. No me molesta.

Aún así, sé que no habría llegado tan lejos en la lactancia sin rodearme de personas sabias y positivas que han sabido estar ahí en las horas bajas. Para ellos, espero no dejarme a nadie, va mi más sincero reconocimiento y cariño:

  • Al equipo que iba a atender el parto que no pudo ser: Regina, nunca te estaré suficientemente agradecida por haber decidido poner aquella revisión que no tocaba y haber pillado la preeclampsia tan rápido; Elena, la verdad es no te hice caso cuando dijiste bien alto en las clases de preparación al parto que el cacharro más útil en nuestra maternidad iba a ser un buen sacaleches eléctrico y que fuéramos haciéndonos con uno, mea culpa. Para tu tranquilidad, el Medela Swing está que arde y ahora me he unido a tu causa y me dan ganas de ir asaltando embarazadas por la calle y decirles que se dejen de conjuntitos de bebé y ahorren para un sacaleches. 
  • A todo el personal de la UCI que tanto nos cuidó en nuestra estancia y, en especial, para los que me propusieron la "locura" de intentar dar pecho en la adversidad. Sois héroes.
  • Emma, de Multilacta, que sepas que tengo guardadas nuestras conversaciones de Whatsapp para volver a ellas de vez en cuando. Tu generosidad llegó cuando más falta me hacía. 
  • A Belén, de Lactancia prematuros, por aportarme la seguridad que necesitaba en casa con un bebé que no llegaba a los dos kilos. Todo fue bien desde tu visita.
  • A Sara y Bea por enviarme todos los artículos que veían en internet sobre lactar a prematuros, aunque en nuestra UCI no pudiera hacerse el dedo-jeringa.
  • A la web de Alba Lactancia, por sacarme de tantas dudas y acompañar mis horas de piel con piel en la UCI.
  • Al personal del Banco de Leche del 12 de Octubre.
  • A la chica que me envió un mensaje tan bonito por Twitter, agradeciendo la labor de las donantes. No sabes cuánto me alegro que estés en casa con tus dos criaturas. 
  • Y cómo no, a parejo, lo más grande. Porque además de serlo, ni presumes. Sin ti, nada podría ser. Para que luego digan que la lactancia es solo cosa de la madre. Ja.


Lo que te diría si nos tomáramos un café


Lactar a un prematuro es muy, muy difícil, pero como verás no es imposible. Solo tú sabes hasta donde llegan tus fuerzas, tus miedos, tus dificultades y circunstancias. Elige las batallas que quieres librar y si la lactancia es una de ellas, pide ayuda de la buena y nunca tomes una decisión en los peores momentos. Que los habrá, ya te lo digo, habrá momentos MUY DE MIERDA, en los que querrás dejarlo todo. Entonces respira y aguanta un día más, solo uno, pero no tomes una decisión en caliente. Si pasado un tiempo prudencial piensas igual, adelante. Sin culpas, que ser padres es una carrera de fondo. 

Márcate metas pequeñas, no pienses en términos de todo o nada: cada ml cuenta. Cuanto más pueda tomar de leche materna tu muy pequeño bebé, mejor. Si es una toma al día, una toma al día, estupendo, ya intentarás pasar a dos. Si has conseguido producción pero el bebé no se engancha, puedes intentar relactar más tarde o seguir en diferido. Conozco una mujer que estuvo en diferido más de 6 meses porque su bebé no se agarró al pecho (me quito el sombrero y le hago la ola cienes de veces). Hay opciones, hay caminos que quizá quieras y puedas recorrer. Ánimo, necesitas mantener el autoestima muy alta. 

Haz caso omiso a los comentarios bienintencionados de quienes no imaginan por lo que estás pasando. Tener un prematuro es una experiencia aterradora, bella también, muy bella, eres mamá, pero te sitúa contra todas las cuerdas. Compréndete, escúchate, permítete sentir lo que sientas y avanza, intenta avanzar. A pasitos, chiquitines, como nuestros bebés. 

Si lo conseguiste, si pudiste lactar o si has establecido una lactancia en diferido, dona por favor. Ya sabes lo importante que es. 


A todos los mamás y papás de prematuros, un abrazo apretao, apretao de verdad. Creo que esto de ver una foto de un prematuro y llorar no se pasa nunca. 





¿Intentaste o conseguiste lactar a un prematuro? Seguro que tu experiencia puede ser útil a otras personas, así que te animo a que dejes tu comentario

miércoles, 6 de junio de 2018

Que deje ya de llover, leñe

El mes de mayo se me ha hecho bola. De principio a fin, casi ni un maldito día de respiro. 

Aquí la reina del "no-postparto", de la lactancia exitosa contra todo pronóstico, de la bebé eterna y diminuta que tímidamente empieza a acercarse a percentiles. La misma que si lloró fue solo de alegría y como mucho de cansancio extremo cuando volvió a casa con una peque en la UCI, una cicatriz que aún dolía que te cagas y cero tuppers en la nevera. Pues esa, esa se ha pasado un mes de mayo sufriendo en la noche.





No sé si es porque la cría ya dice "oas" y "aos", porque se ha empezado a reír a carcajadas y a chapotear en el agua del baño, porque ha hecho la croqueta tres veces o porque me he terminado de volver lerder y ya no hay retorno. Pero se me ha subido fuerte la maternidad a la cabeza, han girado la ruedecilla del volumen y me está atronando. 

Lloro de emoción muchas veces. Me parece increíble ser su madre, que ella sea ella. El tiempo vuela a su lado, jamás había estado tan tranquila y relajada como en mi baja de maternidad. Quiero grabar a fuego su cara cuando termina de mamar y la poso en la cama, los ruidos que hace cuando está completamente dormida y la tenemos que mover o cambiar un pañal y apenas se despierta, cómo mueve contenta las piernas al ver su sonajero del gatito Pancho, su forma de reptar y "hacerse la chulita", que le digo, cuando le doy un masaje por las mañanas y recorro su cuerpecillo de pecho a piernas, apretando un poco más fuerte la barriga. 

Por favor, por favor, que no crezca nunca. Así en plan egoísta.

Y en medio de toda esta vorágine de alegría desmedida, emerge mi lado más fuerte y sereno, el que afronta las despedidas y los reencuentros inesperados con una entereza diga de admirar. No sé de dónde estoy sacando la integridad y las ganas, por mencionar lo divino y lo terrenal, de situar a quien nunca ha estado, de comenzar por vez enésima la historia que empieza y acaba en nosotros. Mucho se habla del nuevo lugar que ocupan los padres en el universo familiar cuando estos se convierten en padres y muy poco de cómo se recoloca lo inexistente, del peso de las ausencias y de los papeles (y enormes dudas y dualidades) que se asignan a quien hace tiempo, por los motivos que fueran, dejó de participar en la función. 

Ya saben, los efectos colaterales de criar sin tribu

Lo bueno de todo esto: que he dejado la casa como una patena. Metafóricamente hablando, claro, que en lo real se nos acumulan las lavadoras, nos quedamos sin bodies y a la cría le ponemos el pijama a lo comando. 

Y que ya es junio, y en nada está aquí Decoracción, y llegan los aniversarios: tres años desde que cambiamos el chiquipueblo por la granciudad, un año de nuestro tratamiento de infertilidad, treintaytrés años y medio siendo una persona altamente sensible y yo sin saberlo. Y con un par de bemoles, manteniendo intacta la esperanza de poder tomarme un vermú en alguna terraza en cuanto deje de llover. 

Aguantando el chaparrón para ser más precisos.


martes, 3 de abril de 2018

La elección del nombre del bebé

No es un secreto que mi hija se llama Emilia. Desde siempre pensé que si tenía una niña iba a llamarse Alicia y si era un niño, Héctor. Si Emilia hubiera tenido pichurra se habría llamado Telmo. 

Yo es que tengo una visión de futuro acojonante. 





No es que los nombres de Héctor o Alicia hayan dejado de gustarme, sino que o no me puse de acuerdo con parejo o encontramos otro que nos hacía palpitar el corazón más fuerte en este momento vital. Cierto, los gustos por los nombres van cambiando con el tiempo y después de casi cuatro años de infertilidad pues ha habido sus más y sus menos. 

No en vano, cuando aún era una jovenzuela incauta de las que como locas del coño (con perdón) pensaba que me preñaría a la de tres, llevaba en el móvil sendas listas, una con nombres de chico y otra de chica, en las que iba añadiendo aquellos que llamaban mi atención. Yo qué sé, me tomaba eso de elegir nombre como una cosa muy trascendental, un hito ahí todo intenso, como mi vida en general. A menudo parejo y yo hablábamos (y discutíamos, y discutíamos...) sobre este tema. 

Mi lista aumentó primero, disminuyó después cuando tuve que tachar alguno de los nombres porque alguien de mi entorno cercano se apropió de ellos primero (¿cuántas eran las probabilidades?), quedó en stand-by con la incertidumbre y a punto estuvo de ser borrada en los peores momentos, y finalmente no sirvió para nada. 

Como lo oyes.

Años de extensa recopilación y selección pormenorizada tirados por la borda. 

Joder, yo creía que si alguna vez finalmente llegaba el momento, parejo y yo montaríamos algo así como un cónclave súper secreto en el que pondríamos en común nuestras impresiones y del que saldría oh, oh my Lord, el nombre definitivo. Peor, los nombres definitivos, en plural, porque te recuerdo que en esta casa estamos tan mal de la azotea que no sabíamos el sexo del pollito. Pues no. Todo fue mucho más natural e imprevisto: el día después de la transfer parejo apareció con un libro gordote de nombres (pa haberlo matao, menos mal que la beta fue positiva contra todo pronóstico), lo revisamos por separado (hecho este que no valió para nada puesto que el único nombre en el que coincidimos fue Blas), y luego ya en verano, aprovechando las tardes de asueto parapetada en una de esas malditas tiendas Quechua que se despliegan en 2 segundos y nunca acaban de plegarse bien, me revisé las listas que llevaba en el móvil, las pasé a papel y taché los nombres que me gustaban menos dentro de los que me gustaban.

Ahí descubrí que, efectivamente, para niña me gustan los nombres de señora y para niño los de santo. Misterio misterioso. 

Aún albergaba la esperanza de que parejo hiciera lo mismo y el ansiado cónclave tuviera lugar. 

Meeeec.

La elección tuvo lugar un día cualquiera, creo que mientras comíamos. 

- "Oye, parejo, que yo tengo que ir cerrando ya este asunto, que me está dando vueltas locamente en la cabeza y me lo tengo que quitar de encima".

- Ah, pues a mí me gustan Telmo y Emilia. 

- Ah, pues a mí también. 

Ah, pues ele, ya está. Cientos de horas mirando el aplicativo de nombres del INE a la basura. 


¿Cuáles eran mis premisas para el nombre de pollito?


  • Que no fuera un nombre largo ni fácil de abreviar: la primera en la frente, no se cumple. 
  • Que no fuera un nombre de tradición familiar: que la hay por rama paterna. Y la habríamos roto o romperemos si alguna vez en un universo paralelo repetimos paternidad y fuera un niño.
  • Que no se hubiera puesto recientemente en nuestro entorno cercano.
  • Que no fuera un nombre muy puesto: a lo mejor es que yo tengo trauma infantil.
  • Que no sea un nombre de moda: es curioso que algunos nombres no se han oído nunca y de repente, son trending topic de una generación. Y si no, ¿dónde están las Mónicas o las Sandras a día de hoy? No quedan, se gastaron los nombres entre los 30-40 años.
  • Que fuera un nombre "de toda la vida".
  • Que fuera un nombre en castellano.
  • Que no hubiera que deletrearlo.
  • Que nos gustara la sonoridad.
  • Que no nos recordara a nadie que nos cayera mal.


Cosas que no me importaron lo más mínimo


  • Las opiniones ajenas, porque de esto siempre va a haber de todo (te lo cuento luego más abajo). 
  • Las rimas posibles: desde que una Irene me dijo que hacían bromas con su nombre, ya flipé bastante.


¿Por qué Emilia?

Era un nombre que estaba entre nuestros favoritos de mujer de unos años a esta parte. Cumplía la mayoría de nuestros requisitos (no, no tenemos tradición con el nombre en la familia, muchas personas nos han preguntado sorprendidos por nuestra elección). Nos encanta la sonoridad, nos parece dulce y fuerte a la vez. Y, curiosamente, porque se nos han ido apareciendo Emilias en algunos momentos clave de nuestra vida reciente. Porque además tiene cierta tradición en el barrio donde vivimos. 

Así resumiendo, porque nos parece un nombre precioso que se ha dejado de poner en España (no en el mundo anglosajón o en Francia; tampoco en algunos países del Este, donde además es Emilia también).

Reacciones al nombre

Te comenté que no tuvimos en cuenta las opiniones externas. Por supuesto, no incluimos a nadie ajeno a nosotros dos en el debate. Debemos haber tenido un embarazo muy atípico, porque no nos preguntaron mucho por el tema, y de hecho, mi suegra, por ejemplo, supo los nombres elegidos apenas 15 días antes del nacimiento.

Claro, que en aquel momento, tampoco sospechábamos que el pollito nacería en 15 días.

A lo que iba, cuando dijimos a la familia que preguntó que sería Telmo o Emilia (o Emilia cuando ya nació la peque), pues hubo reacciones desde el silencio incómodo, a sorpresa, a intentos de que cambiáramos nuestra idea o comentarios directos de que el nombre era feo. Ya digo que me resbala mucho: para gustos se hicieron los colores y soy consciente de que es más fácil que gusten nombres más comunes, aunque solo sea por la familiaridad de oírlos a menudo. A mí misma Telmo y Emilia me parecen nombres de "digestión lenta", que digo yo.

En el resto de amigos, conocidos, familiares lejanos, pues hay de todo, como en botica. Mucha sorpresa también por la elección y algunas reacciones inesperadas (para bien) de personas que sienten un especial cariño por el nombre, en general, porque tienen alguna familiar que lo lleva y les trae buenos recuerdos.  


Al final, Emilia no podía ser de otra forma. Es ella. Dulce y fuerte. Nuestra niña. Con nombre de señora, ¿y qué?

Parejo ya me ha advertido de que si hubiera ese universo paralelo y alguna vez, ever, tuviéramos un bebé con pichurra, no dé Telmo por hecho. Que conste que a mí me gustaba más Román.


¿Y a ti? ¿Te costó elegir nombre de tu bebé? ¿Tienes traumas con el tuyo propio? ¿Hiciste caso a las presiones del entorno o como yo, estás ya de vuelta de todo?